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Mayoría de edad

Por Juan José Caravaca | @juanjc64

Os escribo esta carta, mis queridas hijas, porque habéis cumplido ya los 14 años y habéis jurado las reglas de la hermandad. En nuestro mundo cofrade esto es llegar a la mayoría de edad, dejáis de estar en el lado de los niños para pasar al de los mayores,  vestiremos juntos el habito penitencial y desde ahora  jugáis en primera división.

 

Porque vestir la túnica, que a todos nos hace iguales, nos ayuda a buscar nuestro interior para poder pensar y meditar sobre la Pasión del Señor, llevando la Cruz a imagen del Nazareno o dando Luz a su camino. Túnica que nos hace estar revestidos de Cristo acompañándole, tras la Santa Cruz de Jerusalén, en su caminar hacia el calvario mientras vamos a buscarle en su real presencia del Sacramento Eucarístico, en unión de nuestros hermanos, al monumento de la catedral cada viernes santo, y a la vez cada uno en su propia soledad interior mientras hacemos examen de nosotros mismos y hablamos con El en ese peregrinar a la “Jerusalén de la ciudad”, pero hemos de tener siempre presente que los “primitivos” debemos “vestirnos de nazareno” no solo en semana santa, sino cada día del año, pues hemos de ser imitadores de Jesús Nazareno y esto es dar ejemplo de buenos cristianos, lo que en definitiva no es más que ser buenas personas y ser transmisores de alegría entre nuestros semejantes.

 

Jugar en el equipo de los mayores es recoger el testigo que ellos nos dejaros y seguir su ejemplo. Sois continuadoras de la herencia que de ellos recibimos hace casi 700 años y es nuestra obligación seguir su tarea, para que así como vosotras ahora la recibís, también podáis transmitirla a vuestros hijos y a las generaciones futuras.

 

Nuestra bandera, la autentica “gloria de los nazarenos”, es la proclamación y defensa de la Pureza Inmaculada de María, quien por Gracia especial del Altísimo está tan “Llena de Gracia” que no hay lugar en Ella para el pecado, ni siquiera el original. Sed siempre Luz para nuestra Madre Celestial, “la más bella nazarena”, y Espada para quien ose mancillar su nombre.

 

Esta es vuestra hermandad, vuestro legado recibido. Cuando estéis en el patio y os nombren para ir a vuestro sitio en la cofradía, cuando digáis “está”, tened presente a todos vuestros hermanos que forman en las filas junto a vosotras incluyéndome a mí, porque desde ahora ya no somos padre e hijas, sino hermanos todos en Jesús Nazareno, y recordad también a todos los que también dicen “está” en el patio del Cielo, pues de ellos aprendimos, y aunque físicamente les echemos de menos, siempre les sentimos junto a nosotros porque viven en nuestro recuerdo y nuestra memoria.

 

Es vuestro momento y de vosotras depende cuidar la hermandad para que perdure. Ahora disfrutadla junto a vuestros hermanos. Por mi parte solo me queda deciros que os quiero y que os deseo una Buena Estación de Penitencia.

 

(Dedicado a mis hijas y a los hijos de todos los cofrades)

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