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Esperanza Macarena

“¿Quién le puso ese nombre? ¿Quién le puso Esperanza a la Macarena?”

Alabad a Dios, literalmente. Y para ello mil caminos de un mismo fondo, mil caras de un mismo amor. Alabad a Dios, a Dios encarnado en una zancada, a Dios agarrando el aire con la vida, a Dios con la mirada de una Madre, a Dios con la Fe, con la devoción, con la pureza de un pueblo. Alabad a Dios, a Dios por el amor, a Dios por Sevilla, a Dios por María. Amor, Sevilla, María: Esperanza, aleluya.

¡Aleluya, sevillanos, aleluya! Aleluya en gozoso sentimiento hacia la Madre, aleluya en cada trazo de su cara, aleluya en cada flor que le brota en la mirada, en cada norte y cada sur, en cada alma que levanta su existencia.

¡Aleluya, sevillanos, aleluya! La dulzura que el tiempo le dibuja en sus adentros hará brotar mil lágrimas de incontenible emoción, de insuperables suspiros. Cuando el primer milímetro de plata de su palio reviente en el sol, cuando la Esperanza balanceé su incienso por las calles de su ciudad, cuando Ella quiera, cuando Ella diga, cuando Ella sienta… cuando soñemos lo imposible gritadlo, sevillanos, gritadlo a los cuatro vientos.

¡Aleluya, sevillanos, aleluya! Como Ella misma sintió cuando al Hijo lo clavaban, como Ella misma sonrió cuando a la muerte desterraba. Aleluya, porque Dios resucitó. Porque valió la pena su nombre, porque su Dios resucitó ante la muerte, Sevilla resucita con su mirada. Esperanza, eterna Esperanza en resucitar para buscar su rostro. La verdad, la asimétrica verdad del mundo en un espejo de latidos que transforman el quebranto de sus lágrimas en la alegría de sus esmeraldas.

¡Aleluya, sevillanos, aleluya! Flor de flores entregadas, Luz del mundo en su mirada. Extasiando corazones en un pueblo que no es pueblo ni siquiera, que es marioneta de su antojo, que es delirio de sus plantas; pretende encogernos el alma en una plaza infinita que ni el mismo Dios soñara. Y yo, paisanos y amigos míos, preciso de vuestra ayuda, de vuestra voz del alma para terminar de recitarle este credo impreciso. Preciso de vuestra ayuda, sevillanos, para entender quién, cómo y por qué, alguien un día cometió la bendita locura de ponerle Esperanza a la Madre de mi ciudad.

Toda Sevilla a sus pies,

toda Sevilla a sus plantas,

todo su pueblo a la vez,

todo su pueblo le canta.

Y Ella, como si nada,

bordada en gloria y en sinfonía,

regala en amor a su gente

eterno gozo y alegría.

Ahí la tienes, sevillano,

para siempre entre tu alma.

Y aquí el final, mis paisanos,

o el principio de mi calma.

No puedo acabar mi rezo

si en mi cara no destellan

lágrimas de amor sincero

ante la Madre más bella.

Macarena de mi vida,

mi linda Madre,

mi fiel doncella:

Contigo todo se inicie,

Contigo todo concluya.

Ella siempre en Sevilla

y Sevilla siempre en Ella.

¡Aleluya, sevillanos, aleluya!

 José Antonio Montero Fernández

 A la Madre de Sevilla.

A su ciudad.

A Rasero.

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Podcast del #RadioBlog de la Semana Santa 16/05/14

En imágenes: Sábado de Pasión 2014, San José Obrero y la Milagrosa