- El Siglo de Oro Sevillano

El Siglo de Oro Sevillano. El Niño Jesús

Uno de los grandes logros de Juan Martínez Montañés, incluido los artísticos y la creación de una escuela con frutos exitosos a los largo del siglo XVII y que languidecerá en el siglo XVIII, será el desarrollo de un modelo de representación iconográfica coincidiendo con el Concilio de Trento y sus postulados ya expresados en los artículos anteriores, como es el del Niño Jesús.


El desarrollo de la representación del Niño Jesús ha variado mucho a lo largo de los tiempos; sus orígenes en la Edad Media, se basan en una representación no infantil sino en una mera reducción de tamaño pero con rasgos y características de adultos, complementado con ropajes que tapaban pudorosamente. Ya en el Renacimiento, se pasa al Niño Jesús desnudo, que permite un mayor estudio anatómico en sus formas pero que aún mantiene los rasgos faciales adultos. En este caso, se podría establecer como uno de los impulsores el pintor Andrea Mantegna, quien representó al Niño con túnica corta y una orla dorada, con robusta anatomía y en actitud de bendecir con la mano derecha y una cruz en la izquierda.

En España, la representación más antigua de la que se tiene constancia es la del Niño Jesús de la Hermandad del Dulce Nombre de Sevilla, obra de Jerónimo Hernández, fechada ente 1581-1582, representando al Niño Dios desnudo bendiciendo con una cruz de metal en la mano izquierda. Siguiendo este modelo de Hernández, nos encontramos otra representación similar en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) con la variante de que el Niño pisa la calavera en alusión clara al melancólico destino que le depara, obra atribuida al artista Diego de Velasco y, con la misma iconografía, en la hermandad del Dulce Nombre de Marchena (Sevilla). Es por ello, que este tipo de representaciones se convirtieron, sin quitar protagonismos a las Sagradas Formas, en un gran centro de atención para los fieles que asistían a las procesiones del Corpus Christi. Estas imágenes eran concebidas para ser vestidas con túnicas bordadas, pero son talladas completamente con una gran veracidad desde el punto de vista anatómico.


La primera imagen de Niño Jesús de Juan Martínez Montañés de la que se tiene constancia documental se realizó para la localidad gaditana de Villamartín para el presbítero Antonio Cordero de Tapia, el primer modelo en la cadena evolutiva cuya producto final es la excelente talla del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, que será el modelo a seguir por sus discípulos y luego extendido a América

En 1597, la hermandad de los guanteros de Sevilla con sede en la Iglesia Parroquial del Salvador, le encarga una imagen de San Cristóbal caminante con un Niño Jesús sedente en su hombro izquierdo. Es una  representación del Niño lejana aún del modelo que concibió para la Hermandad del Sagrario, puesto que los ropajes aparecen tallados, pesados, con ángulos marcados, con la mano derecha bendiciendo y la izquierda posa sobre el globo, como dominus mundi. Pero, a pesar de la diferencia formal con respecto a su obra maestra, hay ciertas características en común que atisban el modelo final que está por llegar. 

En este caso, nos encontramos un rostro ensimismado, con cierta melancolía pero no marcado por la tragedia como siguen los modelos castellanos. De la misma manera, sus ojos son almendrados y los labios finos, Aunque el cabello muestra una media melena que cae sobre los hombros y unos remolinos, el característico peinado del Niño Jesús del Sagrario tiene su precedente en éste de San Cristóbal, tres moños a modo de pequeños mechones revueltos con una disposición triangular, prefigurando el símbolo de Dios o las potencias divinas.

El Niño Jesús de la Hermandad del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla es sin duda obra maestra del Dios de la madera donde se concibe por fin, un modelo que será seguido, no tan solo en España sino en los países latinoamericanos.

Realizado en 1606 y policromado por Gaspar de Ragis, Juan Martínez Montañés nos muestra un Niño con encarnaduras blandas y su precioso cabello en capote. A pesar de su aparente simplicidad, está realizado con una anatomía naturalista, vigorosa, con guiños clásicos como el contrapposto, ese desequilibrio armónico para dar una simple sensación de movimiento y romper con la frontalidad aparte de agregar enorme elegancia y dulzura, consistente en dejar el peso de la imagen caer sobre una de las piernas, en este caso, la izquierda.

La disposición del Niño es desnudo, erguido, con los pies descalzos reposando sobre un cojín, con un rostro que nos induce a la serenidad y al ensimismamiento a la misma vez; nos muestra dos facetas en esta representación como son la naturaleza humana del Hijo de Dios pero plasmado como un Niño, y la Naturaleza divina, al aparecer bendiciendo y Salvador de las almas.

El modelo iconográfico del Niño Dios tuvo gran aceptación, hasta el punto que fue representado en plomo. Quizás el seguidor que más se acercó al modelo “montañesino” fue su discípulo Juan de Mesa con bellas facturas como las que se encuentran en el Museo de Bellas Artes de Córdoba o en la Universidad de Sevilla.

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Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org