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“Agosto efimero, agosto eterno” por Juan José Caravaca

Ocurre justo en agosto. En esa precisa mañana de Sevilla en la que el olor a nardos prevalece sobre todo. En ese momento en que no se sabe si aún es noche, madrugada o preludio de un amanecer que está por llegar. Al dirigirme al encuentro de quien no necesita más nombre que La Virgen, me encontré con un buen amigo y hermano con quien compartí camino hacia la Patriarcal. Amén de preguntarnos por la vida y nuestras familias, no pudimos disimular el gozo sentido al disponernos a acompañar en su tránsito por las gradas a quien es la devoción más íntima de la ciudad, heredada directamente de nuestras madres, tías y abuelas, convinimos que uno de los grandes valores que tiene la salida de la Virgen de los Reyes es precisamente lo efímero de la misma, tan solo una vuelta en torno a su casa que en poco más de una hora nos devuelve a ese anhelo e ilusión por volver a sentirla cerca un año más, colmándola de salves y avemarías en la satisfacción de haber cumplido ese rito familiar que nos une en el recuerdo de nuestros mayores. Es justamente la brevedad de esta procesión de La Virgen lo que le confiere su auténtico valor. Y viene todo este preámbulo a que precisamente es ésta fugacidad la que pone el valor añadido en las cosas y las hace mucho más preciadas, justamente lo que nos ocurre con nuestras hermandades y cofradías y la semana santa.

Porque el día santo de la estación penitencial es precisamente eso: un día. Más allá del tiempo que dura la procesión lo solemos prolongar con ese preludio de la visita matutina a los templos donde comprobamos que todo está dispuesto, abrazamos a nuestros hermanos y damos gracias a nuestro titulares por permitirnos acompañarles un año más, y les pedimos por los nuestros y por todos. Por más que queramos exprimirlo, es justamente un solo día, no hay más. Es ese regusto que nos queda en el paladar recordando todo lo vivido en esas horas lo que nos hace mantener el recuerdo de ese gozo experimentado y que lo revivimos en esta tertulia fraterna con nuestros hermanos rememorando los pormenores de la salida y viendo las magnifica imágenes en videos y fotografías que se nos regalan a través de las RRSS y medios de comunicación.

Esta fugacidad responde entre otras cuestiones a la diferente percepción del tiempo que tienen los niños frente a los adultos: de niño nos parece que el tiempo transcurre de una manera muy lenta y pausada mientras que de adulto vuela. Esto es porque el niño está aprendiendo, no conoce las cosas y al vivirlas por vez primera tiene que fijarse tanto en todos los detalles que hace tener esta percepción lenta del tiempo transcurrido. Es como ver una película por primera vez, o cuando por gustarnos mucho la vemos una y otra vez sabiéndonos hasta los diálogos. Por eso es tan importante que vivamos en plenitud la fiesta para ser capaz de retener esa sensación de nuevo descubrimiento cuyo recuerdo perdure de tal forma que mantenga intacta la ilusión del niño que vive en nuestro interior y así transformaremos lo que es un suspiro e algo que perdure eternamente en nuestra memoria.

Y justo, en esta fugacidad, está éste mes. Auténtico mes de La Virgen que, como apuntábamos antes, en Sevilla no hay que decir su advocación para saber a cual nos referimos. Y entre besamanos, novena y octava da contenido a todo el mes de la Asunción y que también es Dormición y Tránsito en esa mágica mañana del 15 de agosto. Pero también es Ángeles, Francisco y Porciúncula. Virgen Blanca y de las Nieves, Virgen de África. Refugio de los pecadores, Caridad, Oliva, Huertas… Pentecostés renovado, Rocío Chico en la Aldea y cada siete años en Almonte. Realeza de María, Fuente de nuestra Salud… ¿cabe más devoción a la Virgen en un solo mes?

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Pino Montano en 1998

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