Sin luto

Un artículo de opinión de Juan José Caravaca Silva

Juan J. Caravaca Silva 

Noviembre: cuanto se encierra en él. Tradicionalmente decimos que es el mes de los difuntos y las vírgenes se visten de negro, pero por otra parte es un mes lleno de gloria. A sus días cada vez más cortos, los fríos que vienen y las lluvias que lo caracterizan y ponen las notas tristes, hay que sumar las distintas celebraciones que tienen lugar y hacen de él no un tiempo de luto, sino de gloria.

Su nombre tradicional de mes de los difuntos viene por celebrar en sus primeros días la Fiesta de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos. Cierto es que recordamos en ellas a nuestros seres queridos que ya no están con nosotros, pero es también cierto que su recuerdo se hace no tanto desde la pena porque ya no estén a nuestro lado, sino celebrando que ya marcharon a la compañía del Padre. Porque el día de Todos los Santos lo que se celebra es todos aquellos que están en el cielo ante Dios, es por tanto un día de fiesta y de gloria, de color blanco y repique de campanas, es el día de la Iglesia Triunfante. Porque para los cristianos hay vida más allá de la muerte y tras una vida haciendo el bien se puede morir “en paz” y alcanzar la gloria junto a Dios.

El día de los Fieles Difuntos recordamos a todos aquellos que habiendo dejado esta vida aun no gozan de la presencia del Padre y es con nuestras oraciones que pedimos por ellos para que puedan estar cuanto antes a su lado. Vestimos a las vírgenes de negro por ser este el color tradicionalmente asociado al dolor y a la pena por la pérdida de un ser querido, aunque nuestro recuerdo de ellos une la tristeza cierta de no tenerles entre nosotros con la alegría de saberles en una vida mejor. Este recuerdo a los difuntos se realiza durante todo el mes por las distintas hermandades, colectivos y asociaciones prolongando por tanto a todo mes esta conmemoración y de aquí adquiere su nombre.

Pero realmente noviembre es un mes de gloria, ya que aparte de los Santos celebramos las ultimas procesiones de Glorias: a los últimos “Rosarios” (Santa Catalina y San Vicente) hay que sumar a la Reina de Todos los Santos y a la Virgen del Amparo, sonoro colofón todas ellas de nuestro tiempo de “glorias”. Además celebramos a Santa Cecilia, patrona de la música con multitud de conciertos y certámenes, y en San Juan de la Palma el nombre de “Amargura” no tiene nada de hiel y sí mucho de gloria en el anual recuerdo de su coronación canónica. Y gloria es también el inicio del Adviento que aunque sea un tiempo de impaciencia en la espera de la navidad, nos anticipa la alegría del nacimiento del Niño Jesús y por ello alguna Dolorosa se viste de hebrea…

Decía el Padre Cué hablando de la Macarena: “uniendo gracia con pena va el broche de tu sonrisa…” pues el mes de noviembre hace justamente eso, unir gracia con pena y fruto de esa unión tenemos un tiempo especial de gloria, un tiempo de negro pero “sin luto”.

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Escrito por Nacho Sánchez

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