La Señá Gabriela: Entre la Soledad y la Macarena

Boda de su hija Gabriela Gómez con el Cuco en la capilla doméstica. La señá Gabriela a un lado junto a sus hijas y Joselito.

“…Sevilla bien conocía que en ti vivía la reina,

que tus hijos eran reyes

de un reino de sol y arena con trajes de oro,

y por cetro la caña de la muleta

y por gente cortesana toda Sevilla en la rueda…”

Baladillas de la Señá Gabriela. José Antonio Ochaíta.

La Semana Santa de Sevilla escribe los capítulos más peculiares de su historia a través del recuerdo de los personajes singulares de sus cofradías. La asociación flamenco y toros convierte a la Señá Gabriela Ortega, la madre de Joselito el Gallo, en una de las figuras más pintorescas, cuya biografía es fiel reflejo de la Sevilla popular y espontánea de principios del siglo XX, que marcó, sin duda, la visión y el devenir de nuestra semana mayor.

Gabriela Ortega Feria nació en Cádiz en 1862 fruto de la unión entre el banderillero Enrique Ortega y Carlota Feria. Con 14 años ya era reconocida en Sevilla como bailaora del Café cantante de la Escalerilla que regentaba Silverio Franconetti 1. Su nieta 2recordaba que allí su piel blanca, sus ojos oscuros y su cabello moreno y rizado cautivaron al torero Fernando Gómez el Gallo hasta la locura de llevársela consigo para fingir una boda, que terminó con la huida de ambos a Madrid, donde nació su primogénito, Rafael. A éste le seguirían Fernando y, ya casados en la iglesia de San Martín, Gabriela, Trinidad, Lola y Rita. El fallecimiento de la última sumió a Gabriela en una depresión tan grave que obligó a la familia a cambiar el ruido de la ciudad por la tranquilidad de la Huerta de Gelves, donde vino al mundo el benjamín, José. Sin embargo, aquella felicidad tuvo su punto y final con el fallecimiento del patriarca y los aprietos económicos que motivaron su expulsión de la casa. Fueron años difíciles para Gabriela que afrontó el futuro de su prole alojada en dos humildes habitaciones de la calle Relator hasta que los triunfos de Rafael como torero hicieron posible la adquisición de la casa familiar situada en el número 73 de la Alameda de Hércules, justo en la esquina con la calle Santa Ana.

El matrimonio entre Fernando Gómez el Gallo y Gabriela Ortega.

La pasión desmedida que la ciudad sentía por todo lo relacionado con Joselito se extendió también a su madre, que fue considerada entonces una auténtica reina, la reina madre de quien había sido llamado a gobernar el toreo. Así fue recordada en los versos del poeta Ochaíta que tan magistralmente recitaba su nieta Gabriela Ortega Gómez 3 Mucho se escribía y más se comentaba en aquellos años sobre los pormenores de la vida de la Señá Gabriela, especialmente sobre el ambiente entre el fervor y el temor que se respiraba en su casa durante las tardes de faena, unos momentos que eran narrados con un tono casi legendario y mítico por quienes aseguraban haber presenciado tan angustiosa escena. Y es que Gabriela no sólo fue esposa de torero, también sus tres hijos, Rafael, Fernando y José, se dedicaron a este arte. Además, sus tres hijas fueron igualmente desposadas con toreros: Gabriela con Enrique Ortega “el Cuco”, Trini con Manolo Martín Vázquez II y Lola con Ignacio Sánchez Mejías. De la fama que alcanzó Gabriela y de su inquietud en las tardes de toros da buen testimonio la letra que compuso Rafael de León, “Los niños de la Gabriela”, una de las coplas popularizadas por Lola Flores en la película Embrujo4


La Señá Gabriela, sus tres hijas y otras damas en la casa familiar.

En 1913 Joselito se salvó de una cornada en San Sebastián gracias a la interposición de una medalla de la Esperanza Macarena que colgaba en su pecho. Aquel “milagro” fue interpretado por el pueblo como una respuesta divina a la dedicación de José con su hermandad y especialmente a las plegarias que su madre elevó a la que fue la principal devoción de su difundo marido 5. A partir de entonces Gabriela prometió a la dolorosa de San Gil cederle las joyas de la familia y acompañarla en silencio y descalza durante la madrugada del Viernes Santo, un hecho que repitió hasta 1917 debido a los achaques que ya padecía y que llamaba poderosamente la atención a todos los periodistas de la época, que así anualmente lo reflejaron en sus crónicas: “La madre de Rafael apenas sale al año más que una vez, el Jueves o Viernes Santo, para acompañar a la Cofradía de la Macarena de la que ella y sus hijos son hermanos y en cuya procesión, y durante todo el larguísimo recorrido, que, como es sabido, dura desde la noche del Jueves Santo hasta bien entrada la mañana siguiente, Rafael y su madre, encapuchados, como todos los cofrades y sin hacer ostentación de su fervor para pasar inadvertidos, van descalzos de pie y pierna” 6. También el milagro de San Sebastián fue el origen del oratorio de la casa. En acción de gracias, Gabriela pidió permiso a las autoridades eclesiásticas, incluso llegó a publicarse que elevó instancias al Papa 7 para obtener una Bula Pontificia, con el fin de bendecir una pequeña capilla doméstica presidida por una réplica de la Esperanza Macarena ejecutada por Mariano Benlliure y ataviada con ropas realizadas por Rodríguez Ojeda, a cuyos pies se veneraba el relicario con la medalla que amparó a Joselito 8. Como muestra de afecto de la Hermandad de la Macarena a la familia, y en especial a la matriarca, la junta decidió en cabildo responder favorablemente a la petición de Joselito y variar el itinerario de la procesión de la Virgen del Rosario para acercarla a su vivienda, donde podría ser contemplada por su madre.

Boda de su hija Gabriela Gómez con el Cuco en la capilla doméstica. La señá Gabriela a un lado junto a sus hijas y Joselito.
Años después, Rafael el Gallo ante la imagen de la Macarena propiedad de la familia.

La tensión que se respiraba en la casa durante las corridas de los Gallos se desvanecía tan pronto como llegaba el telegrama que daba el parte de lo sucedido: “sin novedad” o “contentos”. Entonces la Señá Gabriela, acompañada por sus hijas, acudía a la parroquia de San Lorenzo y entrando de rodillas se postraba ante la efigie del Gran Poder. Posteriormente, visitaba a la Virgen de la Soledad por la que sentía una fuerte devoción, que fue transmitida de forma especial a su hija Lola y así a su esposo Ignacio Sánchez Mejías. La Hermandad de la Soledad respondió a Gabriela Ortega reconociéndola como una de sus grandes benefactoras en 1915. En 1918 fue nombrada camarera de la Virgen, que recibió en herencia dos enaguas, sus únicas prendas blancas, que aún hoy se conservan dentro del ajuar de la imagen 9. Igualmente, debido a la enfermedad que entonces padecía, la junta decidió modificar el recorrido de regreso con el fin de pasar ante su domicilio.

Aquel año de 1918 había sido uno de los más intensos en la vida de Joselito. Culminaba con los festivales a beneficio de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío y con la firma de su periplo por América, un viaje que canceló a principios de 1919 ante las informaciones que los médicos le hicieron llegar sobre el agraviamiento de la salud de su madre. Finalmente, la Señá Gabriela Ortega falleció un 25 de enero de 1919, hace hoy un siglo, a las once de la mañana en el domicilio familiar. Su cuerpo fue amortajado con la túnica de nazareno del Gran Poder 10 y sepultado en el Cementerio de San Fernando en una ceremonia multitudinaria y llena de reconocimientos de diferentes entidades locales y de sus tres hermandades: Macarena, Gran Poder y Soledad. Dicen sus allegados que José quedó abstraído en una profunda tristeza y que permaneció meses encerrado en la casa casi sin hablar y sin comer, parecía que iba a volverse loco 11. Quiso así el destino que Gabriela Ortega no sufriera en vida el peor de todos sus miedos, la tragedia que un año después ya tendría fecha y lugar: el 16 de mayo de 1920 en Talavera de la Reina.

El féretro de la Señá Gabriela saliendo de su domicilio de la Alameda de Hércules.

El cortejo fúnebre atravesando la Alameda.

Bibliografía

  1. BLAS VEGA, José: “Cincuenta años de flamencología”. Madrid, 2007, p.37.
  2. ORTEGA GÓMEZ, Gabriela: “Dinastías toreras de Andalucía”. Sevilla, 1996, pp. 30-31.
  3. “Baladillas de la Señá Gabriela”, recita Gabriela Ortega Gómez; guitarra Luis Pastor. Sevilla, 1983: https://youtu.be/FndXlXfBp9A.
  4. Lola Flores cantando “Los niños de la Gabriela”, película “Embrujo”, Carlos Serrano de Osma, 1947.
  5. A su regreso de América, Fernando Gómez, el Gallo, regaló como exvoto por su amparo un pañuelo de encaje a la Esperanza Macarena, que ha quedado inmortalizado en la fotografía de la Virgen vestida de luto riguroso por la muerte de José en 1920. LEÓN CALZADO, José: “El luto humano de la Macarena”. Diario de Sevilla. 31/05/2016.
  6. Diario de la mañana. 18/06/1914, p. 3.
  7. El Pueblo. 24/09/1913, p. 2.
  8. El siglo futuro. 29/08/1913.
  9. GÓMEZ SANTOS, Marino: “Mundo aparte”. Madrid, 1960, p. 172.
  10. El Liberal. 26/01/1919., p.2.
  11. PARRA, Antonio: “Joselito: su vida y su muerte”. Sevilla, 1921.

¿Qué te ha parecido?

1 punto
Upvote Downvote

Total votos: 1

Añadir voto: 1

Porcentaje votos positivos: 100.000000%

Quitar voto: 0

Porcentaje votos negativos: 0.000000%

Historiador de Arte dedicado a la investigación, difusión y conservación del Patrimonio.

¿Sabías que? La ayuda de otras cofradías permitió la procesión de la Amargura

El Consejo de Cofradías contraataca