Por la reja de la cárcel: Los testigos de Soleá, dame la mano

Para los amantes de la cultura de la Semana Santa sevillana 2018 será recordado por el primer centenario de la marcha “Soleá dame la mano”. La prioridad otorgada por las bandas en sus repertorios durante el año pasado y los innumerables artículos sobre sus aspectos artísticos e históricos han devuelto la composición al lugar preferente que le corresponde por derecho propio y que no siempre ha ocupado a causa de las tendencias que se van imponiendo según las épocas. Lo mejor, sin duda, es que todo este esfuerzo ha servido para que los más jóvenes hayan tenido un contacto pleno con la marcha en su dimensión creativa y en su significación cultural.

La principal novedad de “Soleá dame la mano” es su estilo impresionista al que estaba adscrito su autor, Manuel Font de Anta, por las influencias de Turina y Falla. Este Impresionismo está definido en el sentido descriptivo de la pieza, pues fue concebida como la representación en cadencia de un momento preciso (de una impresión), concretamente del desfile de la Hermandad de la Esperanza de Triana por la Cárcel del Pópulo. No es casual que Font de Anta eligiese este instante para dar forma a su primera marcha procesional, pues como compositor eminentemente flamenco y estudioso del folclore andaluz, las saetas carceleras, que se entonaban desde el interior del penal, le sirvieron para que en su finalidad narrativa introdujese unos ritmos flamencos, que supusieron toda una transgresión en la tradición musical cofrade.

Por encima de los versos de Juan Sierra 1 y de las continuas crónicas que encontramos en la prensa de la época, la partitura de “Soleá dame la mano” se ha convertido en el relato principal y más conocido de uno de los instantes más intensos y representativos de la Semana Santa del primer tercio del siglo XX.

A poco que volquemos nuestra sensibilidad en escuchar con atención la marcha, nuestra imaginación podrá recrear con facilidad aquel hecho que, según los presentes, “recogía el alma por las sentidas plegarias, compendios de todos los dolores humanos”2. Su alto poder sugestivo nos traslada a la Sevilla de principios del XX, a la mañana del Viernes Santo con sus primeros rayos de sol, a la cofradía trianera frente al penal sevillano y al silencio roto por las voces de aquellos presos que tras las rejas entonaban sus pesares al compás de saetas. Precisamente, el sentido descriptivo que marca toda la secuencia de la marcha es lo que ha determinado el interés de los historiadores y periodistas por desentramar la realidad que nos cuenta. Mucho se ha escrito y más aún se ha hablado sobre ello, llegando incluso a intentar identificar al cantaor con el preso conocido como “el arenero” 3 en una hipótesis poco convincente debido a la falta de pruebas documentales y a lo caótico de aquella situación, donde las plegarias, cantes y rezos se mezclaban sin orden ni concierto alguno. Por sus propias palabras sí sabemos que Manuel Font de Anta llegó a presenciar este hecho, pero desconocemos cuándo y si fue la saeta del título la que escuchó, ya que con toda probabilidad tuvo constancia de ella en Madrid gracias al libro de Eugenio Noel publicado en 1917, donde aparece claramente reflejada.

Hasta ahora muchos pensaban que con la demolición de la Cárcel del Pópulo, la renovación urbanística de su entorno y la transformación de la hermandad a lo largo de todo el siglo XX se habían conservado pocos vestigios materiales de aquella escena, por no decir ninguno, para que a modo de reliquia diesen testimonio con su mera presencia de aquel momento único del Viernes Santo, que se clavó en la memoria de nuestros antepasados y que nos fue legado en una de las más grandes composiciones de la Semana Santa.

Por el contrario, en un punto distante de la ciudad unos testigos de todo aquello aguardaban silenciados por el olvido y por el paso implacable de las décadas. Durante años, en las antiguas huertas del Convento de Santa Clara, apoyadas entre los contrafuertes del ábside de su iglesia y frente a la torre de don Fadrique, permanecieron apiladas unas rejas de hierro fundido pertenecientes a la colección arqueológica del Ayuntamiento de Sevilla, que era expuesta en el Museo Municipal que ocupó este lugar desde 1924 hasta 1946, cuando fue desmembrado para la creación del Museo Arqueológico Provincial. Entonces, las rejas y lo que restó de la colección quedaron repartidos por el patio sin orden ni indicaciones. En 2014 fueron restauradas, inventariadas y expuestas por el Ayuntamiento, junto a otros bienes de la colección, en el denominado Espacio Laverán durante la Noche en Blanco de aquel año sin que aún se conociera exactamente su origen y el motivo por el que se habían custodiado en ese lugar. Por el contrario, hoy los nuevos datos localizados en diferentes fondos documentales nos han permitido reconocer estas rejas como los únicos testigos materiales de la realidad histórica que inspiró la marcha “Soleá dame la mano”.

Tras su exclaustración en 1835, el Convento de Santa María del Pópulo fue rehabilitado como la “gran cárcel de Sevilla” 4, un presidio gigante que estaba llamado a ser uno de los mejores y más eficaces de España. Pero la realidad fue bien distinta, pocas décadas después el hacinamiento de más de quinientos presos, entre los que se incluyeron niños, provocaron las críticas por el penoso estado de su interior, donde los reos, en su mayoría condenados por delitos de hurto propios de la falta de recursos de la época, permanecían en unas condiciones higiénicas lamentables, donde la tisis hacía estragos. La imposibilidad de comunicarse con el exterior 5, salvo en las visitas concertadas, convertía el relajo dispensado durante el discurrir de la Hermandad de Triana en una oportunidad idónea para manifestar las calamidades sufridas mediante unas saetas carceleras, que hoy pueden ser consideradas como auténticas canciones protestas de la época.

Para la adaptación de este edificio se aprovecharon las rejas de la antigua Cárcel Real del siglo XVI que se encontraba junto a la Plaza de San Francisco 6. Por ello, cuando en 1937 se decretó la demolición de la Cárcel del Pópulo, la sensibilidad de la Comisión Municipal logró que las rejas fueran rescatadas y trasladadas al Museo por su carácter histórico, ya que consideraron que entre estos barrotes estuvo preso Miguel de Cervantes por los años de 1597 y 1602, lo que las ubica en la creación de “El Quijote”. De hecho, son mencionadas en su obra cuando habla de las puertas “del oro, de la plata y del cobre” 7, por las que se iban cobrando a los presos los derechos de carcelaje.

Silenciadas, arrumbadas y postergadas han permanecido estas rejas en el interior de dependencias municipales a causa de una indiferencia que se ha prolongado casi un siglo hasta que los datos extraídos en el Archivo Municipal han desvelado su verdadero origen y nos han descubierto una historia que destapa su doble valor: universal al vincularse con la obra de Miguel de Cervantes y cofrade al constituirse como los únicos testigos materiales de un momento especial de la Semana Santa aún presente en la memoria sentimental de la ciudad,que dejó para la posteridad el más bello de sus testimonios,  la sinfonía “Soleá dame la mano”.

Bibliografía

  1. AAVV: Diccionario histórico de las calles de Sevilla. Sevilla, 1993, p. 181.
  2. LEÓN CALZADO, José: El testimonio sinfónico de un siglo. En Viernes de Vigilia, El Correo de Andalucía.
  3. La saeta de Soleá dame la mano. En El Blog de Garrido Bustamante. http://elblogdegarridobustamante.blogspot.com/2018/03/la-saeta-de-solea-dame-la-mano.html
  4. GÓMEZ ZARZUELA, Manuel: Guía de Sevilla, su provincia, arzobispado, capitanía general, tercio naval…. Sevilla, 1866, p. 270.
  5. Reglamento para la Cárcel del Pópulo que presenta al Excmo. Ayuntamiento la Comisión encargada en formarle. Sevilla, 1837.
  6. HMS. Caras y Caretas. 08/08/1925, pp 74-75.
  7. PEÑA, Margarita: Cervantes y el entremés de la cárcel de Sevilla. En Actas del XVI Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas. 2007, París, 109

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Historiador de Arte dedicado a la investigación, difusión y conservación del Patrimonio.

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