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La Macarena: Un icono para la contracultura de los ochenta

Ocaña posando junto a su imagen de la Macarena

“Españoles, Franco ha muerto”. La frase pronunciada por Arias Navarro el 20 de noviembre de 1975 fue el pistoletazo de salida para una renovación del país sin precedentes, tanto por la transformación radical, como por el breve plazo en el que se consiguió. El aperturismo que caracterizó la línea política de la Transición, reflejado en La Constitución de 1978, se multiplicó de forma extraordinaria en el campo de la cultura. La irrupción de las nuevas tendencias americanas y europeas motivó que, paralelamente al trabajo de los artistas consolidados, un grupo de jóvenes experimentasen fusionando la música pop y punk con el comic y con la nueva figuración que reinaba en las artes plásticas. La calidad creativa de este arte emergente y la fama alcanzada vertiginosamente por sus autores, gracias al auge de los medios de comunicación, hicieron que estos movimientos superasen los límites de la contracultura y marcasen la identidad de la década de los ochenta, un tiempo de modernidad que hizo pensar a quienes lo vivieron que “el futuro ya está aquí”.

Alaska junto a sus Pegamoides, Pedro Almodóvar o Tino Casal son los nombres más sobresalientes de la Movida madrileña que, además de sus escenarios urbanos como la sala Rockola o El Rastro, tuvo su cuartel general en pleno barrio de Malasaña, concretamente en el número 14 de la calle de La Palma, donde los pintores gaditanos Costus tenían fijada su residencia. Juan Carrero y Enrique Naya han pasado a la posteridad con el sobrenombre de Costus, apócope de “costureras” con el que fueron bautizados por Fabio Mcnamara por su dedicación concienzuda a la pintura. Su piso fue la versión madrileña de la Factory de Warhol, donde cada tarde se reunían los integrantes de la Movida mientras ellos, sobre todo Enrique, se volcaba en una pintura muy personal, que reflejaba la nueva España del consumismo y los mass-media. De este modo, los rostros más famosos de la prensa rosa o las muñecas flamencas pasaron del papel cuché y de lo alto del televisor a protagonizar monumentales y brillantes cuadros, que son la mejor muestra del Pop Art español.

Enrique Naya y Juan Carrero, “Costus”, con Alaska.

En 1978 Juan y Enrique afrontaron uno de sus primeros encargos, la decoración del bar “La Vía Láctea”, lugar emblemático de la Movida. Sobre sus paredes distribuyeron todo un universo de estrellas, que hacían posible que el Madrid más moderno de los ochenta se tomase sus copas alternando con Sofía Loren, Marilyn Monroe, Liz Taylor, Ava Gardner o Lola Flores. La admiración que ambos profesaban hacia la imaginería barroca y la Semana Santa se reflejó en la originalísima resolución de las puertas del baño para las que tomaron como referencia la estética de los iconos religiosos más populares con el fin distinguir los compartimentos: el Cristo de Medinaceli en el de caballeros y en el de señoras una Virgen dolorosa retocándose los labios, cuyo atavío netamente sevillano recuerda mucho a la Macarena. La cercanía del local con la sede de Fuerza Nueva hizo que su dueño, temiendo represalias, no llegase a colocarlas definitivamente, pasando a engrosar la colección artística de Tino Casal.

La puerta del servicio de señoras realizada la “La Vía Láctea”.
El cantante Tino Casal posando junto a la obra.

Este primer coqueteo con el icono de la Macarena tuvo su conclusión definitiva en “La Macarena de a diario”, un acrílico sobre aglomerado, que fue presentado en 1981 en la exposición “El Chochonismo Ilustrado”, que celebró la Galería Vijande, la misma que poco después promovió la visita de Andy Warhol a España. En esta obra, la Macarena no es representada como imagen religiosa de culto, sino como un objeto de consumo omnipresente en la escenografía del día a día. No se trata, pues, de un retrato, sino una plasmación pictórica de una representación, es decir, su autor, Enrique Costus, pintó a esa otra Macarena que nos acompaña a diario en forma de souvenir en un intento de sublimación artística del kitsch absolutamente genial.

La Macarena de a diario. Enrique Costus.

La pintura refleja el estilo realista de Enrique que conformaba las figuras mediante campos de color superpuestos, dando la impresión de un cierto cubismo, que llega a recordar las aristas y el tratamiento afacetado propio de esos azulejos de producción industrial tan presentes en las casas de entonces. Esta versión de la Macarena se encontraba en el recibidor de la vivienda de los pintores, de ahí que pueda verse en varias escenas de la película “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón” que Pedro Almodóvar rodó parcialmente en el interior de esta casa.

Lo que en Madrid se llamó la Movida, fue bautizado en Barcelona con el nombre de “El Rrollo” por el comic underground, que de la mano de Nazario Luque o Mariscal, desafió la Ley de Prensa e Imprenta aún vigente al final de la dictadura. La diferencia social existente entre estos artistas y los integrantes de la Movida madrileña motivó que en la ciudad condal el movimiento contracultural fuese menos frío y más comprometido con la realidad social tan complicada del aquel momento. Esta Barcelona de la Transición tuvo su principal protagonista, o su diosa como dijo Terenci Moix, en la figura de José Pérez Ocaña, artista polifacético nacido en Cantillana. La Ocaña, como era conocido por sus más allegados, se convirtió en uno de los personajes imprescindibles de Las Ramblas y de la Plaza Real, cuyo ambiente agitaba cada vez que salía a pasear disfrazado de mujer o a pintar ataviado de angelito con alas de plumas. En 1977 en la Galería Mec-Mec tuvo la oportunidad de presentar su particular concepto del arte bajo el título “Un poco de Andalucía”. Ocaña definió su obra como “unos ojos tristes, cuerpos desproporcionados y mucha humanidad. Fetiches y recuerdos de mi niñez, mi pueblo y su gente, farolillos de colores como abanicos, muerte y vida, luz de cirio, Macarena y saeta”. Ciertamente, su producción es una visión íntima y particular de la vida y de la cultura de Andalucía tratada bajo la influencia del naif, del fauvismo y del expresionismo. Ello explica la presencia de los tipos populares, los festejos, la vida rural, los cementerios, las costumbres como los velatorios y sobre todo, de la Virgen como “fetiche” de un pueblo que vuelca en el icono religioso su verdadera esencia. Así, la Virgen se convirtió una constante temática en toda su producción, fundamentalmente las imágenes de la Asunción y de la Divina Pastora, que fueron representadas en dibujos, pinturas y en una esculturas, que llegaron a ser entronizadas en pasos o en altares como el risco o el acto de la Subida siguiendo la tradición de su Cantillana natal.

José Pérez Ocaña retratado de mantilla por Marta Sentís en 1978.

La esculturas realizadas mediante papel maché por Ocaña no eran meros objetos de contemplación, sino que eran concebidas para alcanzar una dimensión mucho más allá de lo material, pues adquirían vida propia gracias a la interacción que con ellas realizaba su autor al vestirse y maquillarse de manera similar para interpretar unos “teatros”, que hoy son valorados por la crítica especializada como las primeras muestras de la performance en España.

En aquella exposición de la Mec-Mec, Ocaña exhibió una de sus primeras esculturas, la Virgen de la Macarena, que no pasó precisamente desapercibida, pues a los pocos días fue recriminada como “fea y ordinaria” en la prensa más conservadora. Ocaña ejecutó esta figura como una interpretación humanizada del icono sevillano encarnando a las mujeres marginales de Las Ramblas a través de su imagen decadente y de sus prendas recicladas de la basura, cuyas manchas fueron definidas por Ocaña como testimonio vivo de la tristeza y de la alegría, en definitiva, de la vida de quienes fueron sus propietarios. Como era lo propio de sus figuras, la Virgen no fue ejecutada para estar expuesta, sino para protagonizar uno de sus “teatrillos”. De esta forma, como hizo años después con las imágenes de la Pastora y de la Asunción, su Macarena salió en procesión por Las Ramblas sobre un paso decorado con flores y acompañado por música, mientras que el propio Ocaña vestido de mantilla le lanzaba todo tipo de vítores, pétalos y saetas.

La Macarena dibujada por Ocaña en 1980.
Ocaña posando junto a su imagen de la Macarena durante la procesión de traslado a la Galería Mec-Mec.
José Pérez Ocaña: La Macarena realizada en 1977 y la Virgen del Rocío ejecutada para la exposición de Besanzón en
1979.
Performance: Procesión de la Macarena por Barcelona. Escena procedente de la película “Ocaña: retrait intermitent” de Ventura Pons (1978).

Bien es cierto que aquel optimismo tuvo su contrapartida y los años ochenta hicieron estragos. Los Costus y la Ocaña se marcharon tan trágica como precipitadamente, dejándonos un legado artístico fundamental, único para entender la nueva época a la que se abría la España de la Transición. No es casualidad ni tampoco una rareza encontrar en la obra de estos artistas a la Macarena, pues conscientes de su belleza, importancia y popularidad, fue representada en toda su dimensión icónica y cultural con un estilo innovador para significar así la esencia, la autenticidad y la identidad de un país, que sin renunciar a sus tradiciones, iniciaba un nuevo camino con la esperanza de un tiempo mejor.

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA:

  • AAVV: “Clausura: exposición antológica de Costus”. Catálogo, 1992.
  • DE LOS RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza: “La figuración espaóla en la década de 1980: el equipo Costus. Una lectura simbólica de su serie “El Valle de los Caídos” (1980-1987): la iconografía de la Virgen. En “Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte, nº 18, 2005.
  • LEÓN CALZADO, José: “La tribu de las chochonis: un movimiento ilustrado”. En “Costus o el barroquismo de la modernidad”. Jornadas sobre la Movida madrileña de la Universidad de las Islas Baleares, Palma de Mallorca, 2008.
  • “Ocaña: la vida entera es un teatro”. Folleto para la exposición conmemorativa del XXV Aniversario del fallecimiento de José Pérez Ocaña. “Beata Ocaña”. Galería La Rosa del Vietnam, Barcelona, 2008.
  • NARANJO FERRARI, José: “Ocaña, artista y mito contracutural: Análisis de la figura y legado artístico de José Pérez Ocaña (1947- 1983) como testimonio y producto sociocultural de la transición española”. Tesis doctoral. Sevilla, 2013.

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Historiador de Arte dedicado a la investigación, difusión y conservación del Patrimonio.

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