Baño de Esperanza

Besamanos de la Esperanza de Triana | J. Montaño

Cuando la más candente actualidad del panorama cofrade nos invita una y otra vez a reflexionar ante la proliferación de salidas extraordinarias que se acumulan año tras año por diversas efemérides, coronaciones canónicas, motivos pastorales…, llegándose incluso a elaborar un programa aparte del de Semana Santa y las Glorias. Cuando a esto le unimos el nuevo grupo de salidas que se van incorporando a las reglas de las distintas hermandades: Viacrucis y el no menos numeroso grupo de rosarios matutinos o vespertinos a mayor gloria de quien es la Madre del Redentor, que también han proliferado en los últimos años. Cuando parece que más desbordado se encuentra el momento, recibimos un baño de Esperanza.

Desde los años de Trento se ha instado a la procesión con las imágenes por el carácter catequético que para el pueblo tienen estas salidas. Primero porque en aquellos tiempos en que ni había libros ni cultura para leerlos, ver la representación de la pasión del Señor y los Dolores de su Madre servía para llevar el mensaje evangelizador. Segundo porque, aunque el pueblo ha adquirido cultura con el transcurso de los años, la corriente laicista imperante en la actualidad y el rechazo a todo lo que implique “Iglesia” hace que las manifestaciones públicas de fe por quienes somos parte de ésta tengan plena vigencia en la actualidad, aunque como apunta un buen cofrade siempre con mesura y cordura. Por mi parte he manifestado ya en alguna ocasión que solo con una persona que rece un padrenuestro o avemaría al contemplar una procesión creo que está más que justificada la misma.

Ahora bien, lo vivido estos días con la salida extraordinaria (por ser fuera de programa habitual y por lo bien que se desarrolló la misma) de la Virgen de la Esperanza por los seiscientos años de su devoción y su hermandad, no tiene parangón. No hay que entrar en cuantificaciones, pues ya se han hecho muchas bien estudiadas y fundamentadas que avalan el éxito de la salida, pero si me gustaría fijarme en un aspecto que comentaba anteriormente que es la manifestación de fe y devoción a la Virgen de la que nos hemos impregnado. No es ningún secreto que la Virgen de la Esperanza no es la primera en mi particular lista devocional (en el corazón ni se manda ni atiende a razones), pero después de todo lo que he vivido este Año Jubilar tiene un sitio muy especial.

Porque ha sido todo un año de manifestación de amor a la Madre de Dios en las visitas que realizamos a la Capilla de los Marineros, muy especialmente cuando hemos ido en peregrinación para ganar las gracias del jubileo, pues algo muy fuera de la lógica habitual sentíamos en nuestro interior al rezar ante Ella. Porque en su salida por Triana en el Rosario matutino ya se vislumbraba que teníamos muchas ganas de Esperanza (cuanto nos hace falta la Esperanza…) Pero su salida extraordinaria a la Catedral ha sido una explosión de júbilo sin límites y una demostración de fe del pueblo. Muchos han sido los mensajes que hemos podido leer en las RRSS con anécdotas de las distintas vivencias de esta fe del pueblo, devotos en sillas de ruedas, personas mayores que desde sus casas se llenaban de Esperanza en mudo dialogo con Ella, haciéndonos ver que es lo importante y que lo añadido, y muchísimas otras que no se han publicado pero que seguro cada uno de nosotros hemos presenciado alguna de ellas. 

Mi particular baño de Esperanza fue en pleno triunfo de su vuelta a Triana. Pude llegar cuando la Santísima Virgen salía de calle Pastor y Landero a Reyes Católicos, por lo que debido a cuantos nos congregábamos allí me dirigí hacia la calle Trastamara en su confluencia con Reyes Católicos donde, aunque lejos, pude estar presente ante la Virgen de la Esperanza. Justo a mi lado se encontraba un grupo de jóvenes, no creo que de más de 20 años el mayor de ellos, que estaban esperando a la Virgen en aquel punto. Se veía que llevaban todo el camino alrededor del palio aunque en ese momento se encontraban  en las últimas filas del público. En cuanto la Virgen se acercó hasta donde nos encontrábamos comenzaron a lanzar vivas y ¡¡oles!! en su honor, en lo que podría ser la reacción más posible y esperada en ese momento por parte de sus devotos, y como no por la juventud de su hermandad y de su barrio. En ese momento y circunstancia, con todo el público coreando los vivas y la banda poniéndole música al momento en lo que ya de por sí constituía una autentica demostración de amor mariano, ocurrió ese detalle que me puso los vellos de punta y un nudo en la garganta. Interpretaba la banda la marcha en cuyo trio está incluida la Salve de la Hermandad que aquellos chicos y chicas empezaron a cantar junto a la música. No es la primera vez que cantamos con una marcha, pero esta ocasión tenía algo especial. No estábamos en primera fila junto al paso. No había más personas cantando, pues a veces cuando alguien empieza a cantar los demás le seguimos quizás por simpatía, inercia…. Simplemente un grupo de chavales dando rienda suelta al sentimiento más grande que palpábamos en el ambiente: el amor a la Virgen de la Esperanza. 

Muchas veces se ha hablado en estos días que hay un antes y un después de esta magna procesión, hay quien comente que esto se dice por tópico, pero en mi caso…. Confieso que cuando llegue a casa busque la marcha en internet y, una y otra vez, al escuchar sus notas he vuelto a revivir ese momento y siento como se me pone de nuevo la piel de gallina. Volviendo al punto inicial de estas líneas es muy posible que tengamos desbordado el número de salidas extraordinarias, pero mientras las mismas sirvan para movernos a la “piedad” y rezar ante nuestras imágenes sagradas tendrán plena validez. Al igual que sin esperarlo recibí mi particular baño de Esperanza… ¿Cuántos más lo recibieron?

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