in

Un arte para tiempos de luto

En noviembre, las dolorosas visten el negro

La tradición de engalanar las imágenes de la Virgen María se constituye hoy como una de las manifestaciones más auténticas de la religiosidad popular, especialmente en Sevilla. Aquí, como cualquier otro aspecto relativo a la proyección pública de las cofradías, la indumentaria de las vírgenes ha adquirido recientemente una relevancia inusitada, que colma buena parte de la actualidad cofrade.

A estas alturas pocos dudan ya del importante papel artístico y transmisor del vestidor, cuya responsabilidad no sólo completa la obra del escultor, sino que le insufla ese halo especial que favorece la conexión entre el fiel y la imagen. La profesionalización de esta labor en los últimos años ha motivado la fama de los más destacados en el oficio, que como auténticos influencers en lo cofrade cuentan ya con una legión de seguidores prestos siempre a los últimos cambios y novedades, que al instante son difundidos masivamente en las redes sociales a golpe de likes, retweets y un extenso hilo de comentarios. Hasta hace bien poco, era tan sólo la indumentaria a la hebrea la que se aguardaba con entusiasmo durante el tiempo ordinario, pero en este nuevo contexto el vestido de luto, que por la solemnidad de los Fieles Difuntos caracteriza a las dolorosas en estas fechas, ha hecho del mes de noviembre uno de los más esperados por los cofrades, sobre todo por los cada vez más aficionados a este arte efímero.

Ataviar de luto a la Virgen es un reto para cualquier vestidor, pues la severidad luctuosa del atuendo obliga a prescindir de los adornos superfluos y a centrarse en la disposición de las sencillas prendas, especialmente del tocado, como únicos elementos plásticos para reforzar la expresión afligida de la imagen. Por ello, muchos vestidores aprovechan la ocasión para dar rienda suelta a su creatividad e introducir variantes, ofreciéndonos visiones impactantes, que a pocos dejan indiferentes.

La Virgen de la Esperanza de la Trinidad vestida de luto en 2018 | Archivo Hermandad de la Trinidad.

Al contrario de lo que muchos piensan, la costumbre de vestir de luto a las vírgenes de las cofradías es tan antigua como el propio origen de la dolorosa vestidera a mediados del siglo XVI, cuando los postulados dictaminados en Trento consideraron este tipo de imágenes de candelero como un instrumento idóneo para el culto. Pese a lo cuestionado del asunto, la legendaria donación del traje de viuda de doña María de la Cueva, camarera de la reina Isabel de Valois, a la Virgen de la Soledad de Madrid en 1560 ha servido para ilustrar el sentido práctico del traje de luto que llevaron las dolorosas desde entonces hasta el último tercio del siglo XIX, con las obvias modificaciones según las modas de cada período. Una vez más fue Juan Manuel Rodríguez Ojeda el punto de inflexión que cambió el rumbo estético hacia el colorido y la exuberancia regionalista que aún hoy perviven. En aquel momento, en el que la mayoría de las dolorosas tan sólo contaba en su ajuar con poco más de lo que se le ponía y quitaba, los cambios según las festividades o tiempos litúrgicos fueron seguidos muy tímidamente en los albores del siglo XX. El luto riguroso que por la muerte de Joselito el Gallo lució la Macarena sorprendió y escandalizó a Sevilla en 1920, una década después vistió oscuros ropajes, aunque sin aquella severidad, durante el funeral de Rodríguez Ojeda. Así, lo que en un principio se hizo excepcionalmente por el fallecimiento de algunos hermanos se extendió al conjunto de los difuntos de la hermandad llegado el mes de noviembre, forjándose una práctica cada vez más seguida a juzgar por las referencias localizadas en los inventarios de las distintas épocas.

Más cerca en el tiempo, los llamados grandes maestros, como Garduño o Morillo, afianzaron esta tradición, que hoy goza de tan buena salud en Sevilla. Lejanas ya las desafortunadas tentativas del pasado, por lo general hoy los vestidores apuestan por un canon clásico y una tendencia naturalizada que descubren nuevos aspectos plásticos de las imágenes titulares y acentúan, sin duda, el semblante doliente de la figura. Imbuidos en el recuerdo del pasado que conlleva este atavío, José Ramón Paleteiro llegó incluso a reavivar el luto de los Austrias en la Virgen del Rosario de Montesión, rescatando aquella estética moderna con la que fueron concebidas las dolorosas barrocas de nuestra Semana Santa. En esta línea historicista el año pasado la priostría de la Esperanza de Triana rememoró la añeja estampa de su titular al recuperar la corona de plata que antaño lucía la Virgen. En 2018 ha vuelto a sorprender la delicadeza con la que Antonio Bejarano ha enmarcado el llanto de la Virgen de las Angustias de los Gitanos o la fuerza expresiva que José Antonio Grande de León ha aportado a la Soledad de San Buenaventura, recurriendo incluso a la colocación de unas manos unidas que hablan por sí solas. Por regla general, parece imponerse la estética siempre correcta de la simetría y la repetición de fórmulas de los grandes maestros, por lo que se echa en falta nuevas propuestas. Aún así, cabe resaltar por su clasicismo y exquisitez la impronta que ofrecen las dolorosas del Buen Fin (La Lanzada) y la de la Hiniesta. Sin lugar a dudas y en mi modesta opinión, resalto en estas líneas el trabajo de Joaquín Gómez con la Virgen de la Angustia (Los Estudiantes) y de forma notable con Virgen de la Esperanza de la Trinidad, cuyo sutil tocado ha devuelto a la imagen la impronta romántica que define a las dolorosas de Astorga.

Así las cosas, en la magia propia de este arte efímero se advierte el esfuerzo generalizado de los vestidores por dar lo mejor de su sensibilidad, una entrega creativa que ha logrado redimensionar esta tradición al aportarle una conciencia historicista, que además de la conjunción perfecta con la escultura, logra evocar la estética de una Semana Santa decimonónica perdida en el tiempo. La Virgen vestida de luto en noviembre es hoy una creación adecuada al alma colectiva de las hermandades, una realidad que los nuevos tiempos encauza y que a través del arte se representa.

¿Qué te ha parecido?

8 puntos
Upvote Downvote

Total votos: 14

Añadir voto: 11

Porcentaje votos positivos: 78.571429%

Quitar voto: 3

Porcentaje votos negativos: 21.428571%

Historiador de Arte dedicado a la investigación, difusión y conservación del Patrimonio.

Música para el Señor del Gran Poder

Certamen de bandas para celebrar la reapertura de Santa Catalina