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Un año más, se repite el sueño del Jueves Santo

Hay tres días en el año…

Como es bien conocido gracias al dicho, el Jueves Santo relució más que el sol. El astro rey dominó el cielo de nuestra ciudad  desde temprano y permitió realizar estación de penitencia a la catedral a todas las Hermandades. Como viene siendo costumbre, los horarios de la jornada se cumplieron y los cortejos pudieron lucirse en las calles a su paso habitual gracias a que, por fin, no existía riesgo alguno de agua.

El Jueves Santo lo abren en Sevilla un par de limosneros escoltando a una cruz de guía por la Calle Recaredo. Tempranera, la Hdad. de los Negros emprendía su camino hasta la catedral donde, por ser el día que era, estaban empezando a celebrarse los Santos Oficios. Desde la Fabrica de Tabacos ya venían a Sevilla sonidos de Victoria. Los Remedios arropan a su manera, pero ni que decir tiene que al Señor que tallara Buiza, le sientan mucho mejor las calles que rodean al Hospital de la Caridad. Desde que sonara la primera nota de Columna y Azotes en Asunción no trascurrieron ni cuarenta minutos hasta que la Exaltación salió de los Terceros siendo cada vez más consciente de que con esta salida, se cierra un ciclo de la historia de la hermandad. Todo apunta a que los Caballos vuelvan a Santa Catalina el año próximo, y para muchos aquellos momentos sabían a despedida.

A la misma hora que la muerte del Señor de la Fundación provocaba silencios en Campana, se gritaban vivas a la Reina del Rosario en la calle Feria. Y es que, en Sevilla, no se llega a Dios por el hijo sin antes haber amado a su madre. Una vez escuché al párroco de San Lorenzo que había que querer a María desde la modestia… Y ver pasear por las calles de Sevilla al hijo de Dios aceptando el Cáliz de su Pasión es todo un ejercicio de humildad.

 

Transcurrieron las horas, y en los ojos de la Virgen de la Quinta Angustia vimos la resignación de los que acatan, no sin pena, los mandatos de Dios. Los ojos del Cristo de la Coronación de Espinas nos transmitió lo mismo, para que después Nuestro Padre Jesús con la Cruz al hombro nos ofreciera consuelo extendiendo hasta nosotros su mano.

Pasión cerró el orden de salidas de este día, donde las jornadas del Jueves y del Viernes Santo se desdibujan y no sabemos muy bien a qué acudir. Tópico, sí. Pero hay pocas cosas que superen la impresión de ver al Señor de Pasión encogido bajo el peso de la cruz dejándolo ir por Francos.

La Sevilla de los libros, la idealizada, nace de manera efímera durante las últimas horas del Jueves Santo; a oscuras en el muro de los Navarros la Virgen va de recogida en busca de su nido de Ángeles, la Virgen del Valle lucha por no quedarse dormida por la mecida que vienen dándole por Cuna y los nazarenos de vuelta a casa por el camino más corto se cruzan con aquellos que van de ‘ida’.

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