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Se acerca la Cuaresma por Pepe Cruz

Foto. El Muñidor
Foto. El Muñidor

En unos días comenzará la cuenta atrás que nos trasladará a la Semana Mayor de nuestra ciudad. Una semana en la que conviven el pasado y el presente de Sevilla, lo tradicional y lo contemporáneo, en una simbiosis que dará lugar a una colección de estampas; una más, que pasará a formar parte de uno de los grandes patrimonios de nuestra ciudad: su Historia.

No se engañen: la historia no se repite cuando hablamos de Semana Santa en Sevilla, que cada año es diferente al anterior gracias a los miles de matices que solo nuestros sentidos pueden percibir. He ahí la riqueza de la tradición cofrade sevillana.

Pero antes de que podamos disfrutar de esos siete días y esas ocho noches de ensueño, tenemos por delante otros cuarenta, que ya ni uno mismo sabe si quiere que anden a paso de “mudá” o sobre los pies para poder paladearlos, que la Cuaresma también deja cada año estampas dignas de mencionar.

La primera de ellas, cuando al pasear por lugares como la Puerta de Carmona, la calle Matahacas o Alcaicería…, vemos alzarse una pancarta medio entenguerengue que reza: “CAPIROTES”, protagonista de un gran número de instantáneas que aparecerán en diarios, redes sociales o simplemente formarán parte del anuario de algún cofrade anónimo.
¿Quién no ha pensado entonces al verla: “Ya va estar la primera en la calle…”?

Sin duda, es una de las primeras señales que nos acerca a ese tiempo tan esperado. Tan cierto como que para vivir necesitamos el aire que respiramos, y para respirar, ¿qué mejor bocanada de sevillanía puede llenar nuestros pulmones que la del perfume de la flor del azahar? Claro exponente de la llegada de la primavera, la más hermosa estación, bello marco para la celebración de estos días, pero cruel compañera en ocasiones, que sus vaivenes meteorológicos hacen echar horas extra al hombre del tiempo.

Ya sumergidos en la vorágine de la Cuaresma, se sucederán los cultos en el interior de nuestros templos, y en el exterior, porque serán días en los que las casas de hermandad se abarroten durante el reparto de las papeletas de sitio.
Se sucederán los Vía Crucis por las calles más estrechas de las feligresías, por aquellas en las que no caben las parihuelas, aquellas que nos encontraremos durante un paseo por nuestros barrios un día cualquiera en una esquina recogida o en una plazuela coqueta.
Conciertos en los que la música se hace oración, y la oración se hace música, donde el Miserere es referencia.
Y pregones en los que se exaltará la belleza de las imágenes a las que profesamos nuestra fe, o la grandeza de la fiesta que nos ocupa, y que a tantos sevillanos, ya ilustres, nos han dado a conocer.
Tertulias cofrades donde, cómo no, degustaremos la “servesita” fresquita y el bacalao en cualquiera de sus recetas, acompañados por el dulce cofrade por excelencia: la torrija.

Pero hay más, porque antes que el Domingo de Ramos eche a andar, las cofradías de víspera serán las primeras que tomen las calles. Jóvenes corporaciones que sueñan con formar parte algún día de la nómina de nuestra Semana Santa.

Eso y mucho más enaltecerá nuestros sentidos, porque difícilmente podría incluirse en una cuartilla todo lo que Sevilla puede dar de sí en cuarenta días tan señalados. Imágenes, aromas, sonidos, sabores… ¡Que se detenga el reloj de la impaciencia! Es tiempo de Cuaresma.

Pepe Cruz

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