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Misericordia, Gran Poder… por @beitavg

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El otoño ha llegado como un tiempo de Extraordinarias que a fuerza de repetirse a menudo, están corriendo el riesgo de volverse ordinarias como esos lunes que son lunes pero no son el Lunes. Y aquí, que somos muy de pasos, muy de bandas y muy de cambios de capataces, nos tiramos a la calle hasta para la procesión del santo paso de cebra sin pensar siquiera en lo que este otoño nos está dejando para la historia.

Pace. Spes. Misericordiae.

Porque Sevilla, caprichosa como ella sola, nos ha querido dejar su peculiar mensaje a golpe de martillo y racheo de zapatillas. A la Misericordia de tu Gran Poder por la Paz y la Esperanza.

Una coronación canónica en la que se habló más del cambio de martillo que del proyecto social. Misericordia Señor. Que la Paz vive en los pequeños gestos y parece que lo hemos olvidado ocultos en los 140 caracteres de una herramienta social. Elecciones en las que las candidaturas se tiran los tiestos a la cabeza como en patios de vecinas. Misericordia Señor. Que la Paz es entender que todos somos hermanos y que, a pesar de nuestras diferencias, el bien común debe primar por encima de los intereses particulares. Mi Paz os dejo, mi Paz os doy.

Y nos da Paz, como un rayo de Esperanza aún cuando los tiempos parecen nublarse a golpes de demandas y titulares sensacionalistas. Misericordia Señor. Aunque nos olvidemos del por qué necesitamos acercarnos a nuestras imágenes en sus besamanos e instemos a sus devotos a continuar el camino sin volver nuestros ojos a los suyos buscando ese consuelo de Esperanza. Misericordia Señor. Que la Esperanza es lo último que se pierde y en Sevilla, cada camino de Esperanza, nos llevan hasta la plaza de San Lorenzo.

Misericordia Gran Poder, no podía haber otro rostro para acercarnos a Tu Amor ni otra Hermandad para hablarnos de perdón en los tiempos convulsos que corren.

Misericordia Gran Poder, que más veces de las que quisieras, somos mercaderes del Templo.

Misericordia Gran Poder, que nos sobran Judas, fariseos y parias pero nos faltan Marías Magdalenas que de verdad se conviertan.

Misericordia Gran Poder, que con quedarnos en lo accesorio, nos está faltando Caridad, estamos acabando con la Paz, estamos faltando a nuestra Fe, estamos perdiendo la Esperanza.

Misericordia Gran Poder y, después, que te toquen bandas de música y repiquen gloria las campanas, que te canten las hermanitas de los pobres que ellas saben, mejor que nadie de misericordia. Que Sevilla se vista de gala porque este otoño nos ha traído extraordinarias y no cualquiera, por eso hay que festejarlo como mejor merezcan.

Beatriz Vélez

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