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San Roque otorga a Redención el título de Hermano de Honor y la Medalla de Oro

Alejandro Braña

san roque redenciónReunidos en Cabildo General Extraordinario, los hermanos de San Roque ha decidido otorgar a la Hermandad de la Redención el título de Hermano de Honor, así como la Medalla de Oro de la propia corporación del Domingo de Ramos.

Y es que los lazos de unión entre  las dos Hermandades, tras este último año de curso, han ido incrementando desde que tras el cierre de la Parroquia de San Roque, le Hermandad de la Redención cedió gustosamente la Iglesia de Santiago para que el pasado Domingo de Ramos, esta Hermandad exiliada pudiera salir de allí.

Se cita a continuación la exposición de méritos dirigida por la Junta de Gobierno al Cabildo General, que han motivado la concesión de tan alta distinción:

“El Cabildo de Oficiales de esta Hermandad, en sesión celebrada el pasado día 9 de junio de 2014, acordó proponer a este Cabildo General para su aprobación conforme a lo dispuesto en la Regla 18ª, el nombramiento como Hermano Honorario y Medallas de Oro de nuestra Corporación a la Orden de Agustinas Ermitañas del Real Monasterio de San Leandro de Sevilla, así como a la Real e Ilustre Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de Ntro. Padre Jesús de la Redención en el Beso de Judas, María Santísima del Rocío, Nuestra Señora del Carmen, San Fernando Rey y San Lucas Evangelista.  
A continuación se exponen los motivos para la propuesta de nombramiento como Hermano Honorario de nuestra Corporación y concesión de “Medalla de Oro” a la Orden de Agustinas Ermitañas del Real Monasterio de San Leandro de Sevilla, así como a la Real e Ilustre Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de Ntro. Padre Jesús de la Redención en el Beso de Judas, María Santísima del Rocío, Nuestra Señora del Carmen, San Fernando Rey y San Lucas Evangelista.  
La razón que nos lleva a realizar esta propuesta es sobradamente conocida, no solo por este Cabildo, sino por Sevilla entera: la sin igual generosidad con la que nuestra Hermandad fue acogida tanto por las Madres Agustinas como por la Hermandad de la Redención, cuando el día 11 de Diciembre del pasado año de 2013 nos vimos obligados a desalojar nuestra sede canónica debido a los graves problemas estructurales que presentaba la cubierta del templo parroquial de San Roque. 
En esos momentos de incertidumbre en los que el mundo se nos viene encima (en nuestro caso, además, de forma literal), lo único cierto fue el sí absoluto, tajante y entusiasta que Sor Natividad, Reverenda Madre Abadesa de las Agustinas Ermitañas del Convento de San Leandro de Sevilla, dio a nuestra petición de ser acogidos temporalmente en ese tesoro desconocido para muchos que es la Iglesia conventual del Real Monasterio de San Leandro, un sí dado sin condiciones, que no se quedó solo en ese primer momento de aflicción y de gran necesidad, pues durante los meses que hemos permanecido allí, la entrega de todas las Hermanas para con nuestra Hermandad ha sido callada y constante, en la forma en que solo ellas saben hacer las cosas, siendo las mejores camareras que nuestros sagrados titulares jamás hayan podido tener.  
Durante este tiempo, nos han entregado todo el amor que tienen en sus corazones, y que aun viviendo entre tantas privaciones y sufrimientos, nunca dudaron en ofrecer la mejor de sus caridades en honor de nuestros sagrados titulares y de los hermanos de San Roque. 
Ese mismo sentimiento de gratitud nos lleva a proponer para idéntica distinción a la querida Hermandad de la Redención, desde cuya Iglesia de Santiago el Mayor pudimos realizar estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral el Domingo de Ramos del presente año de 2014.  
En este caso, no solo han sido factores como la ubicación en nuestro entorno del mismo barrio o la posibilidad de mantener casi íntegramente nuestro recorrido procesional lo que nos llevó a elegir el citado templo a la hora de realizar nuestra salida procesional. 
Hemos querido volver a la iglesia de Santiago, porque probablemente sea donde estén las huellas más sentidas de nuestra historia, pues fue allí donde llegó la hermandad cuando destruyeron el templo de San Roque en la Guerra Civil, desprovista de todo, sin enseres, sin imágenes y hasta con túnicas prestadas, pero indudablemente allí, se produjo su renacimiento, el lugar donde la Hermandad supo realimentar su fe, aquella fe indestructible de los que nos precedieron y que tantos testimonios dejaron para hacer posible el florecimiento posterior y la consolidación actual de nuestra Hermandad.  
Ha sido nuestro homenaje a la memoria de nuestros mayores, que no dejaron a la hermandad abandonada a su suerte en aquellos momentos tan críticos de la postguerra. Hemos vuelto a Santiago, porque el culto a la memoria es condición cuasi sagrada de una cofradía y por qué volver a ser lo que fuimos es la mejor manera de volver a vivir lo vivido que es la mejor forma de sentir nuestra historia. Nada menos que aquí vieron la luz primera nuestras imágenes titulares; y dónde recibieron nuestras primeras oraciones. 
Y junto a todos estos antecedentes, especialmente, hay que destacar el afecto espontaneo, sincero y genuino recibido en todo momento por esa entrañable corporación (“como si estuvierais en vuestra casa”, era la respuesta que de cualquiera de sus miembros de Junta recibimos siempre a nuestros planteamientos y propuestas, a nuestros proyectos y pretensiones), no solo nos entregaron las llaves del templo como a uno más de su propia Junta de Oficiales, nos abrieron de par en par las puertas de sus corazones; dándonos el cobijo más entusiasta y ferviente que hayamos podido tener, y dejándonos un recuerdo de imposible olvidar.  
Todo esto, ha sido lo que nos movió a tal elección, como ya ocurriera otras veces a lo largo de nuestra historia; así recordemos los actos celebrados en dicho templo en noviembre de 1.989 con motivo del L aniversario de la bendición de Nuestro Padre Jesús de las Penas, o los más recientemente celebrados en octubre de 2.013, en conmemoración del LXXV aniversario de la bendición de Ntra. Sra. de Gracia y Esperanza. 
Entendemos que la entrega sincera de nuestras queridas Madres Agustinas y de la no menos querida Hermandad de la Redención merece, como poco, el reconocimiento de esta Hermandad a quienes cumpliendo con el mandato evangélico, nos ofrecieron su hospitalidad cuando más lo necesitábamos, y es por ello por lo que solicita a este Cabildo General Extraordinario se les conceda a ambas instituciones el reconocimiento de Hermano Honorario y medalla de Oro de nuestra Corporación.”

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