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El rostro de la ilusión…

Juan José Caravaca Silva

En una de sus acepciones la ilusión es un sentimiento de alegría y satisfacción que produce conseguir algo que se desea intensamente. La ilusión es también esa esperanza de poder realizar aquello que deseamos, porque esa misma esperanza es el estado de ánimo en el cual se cree que aquello que uno desea o pretende es posible. Ya sea a partir de un sustento lógico o en base a la fe, quien tiene esperanza considera que puede conseguir algo o alcanzar un determinado logro.

Ilusión, Esperanza,… que dos palabras tan bonitas y tan íntimamente ligadas. Cuantos sentimientos comunes se engloban en ambas. ¿Cómo pueden existir una sin la otra? Si hubiéramos de humanizar esos sentimientos que nos producen: Ilusión, Esperanza,.. ¿qué rostro tendrían? En nuestra geografía preguntar que rostro tiene la Esperanza evoca sin pensar a las imágenes de nuestra devoción, pero ¿qué rostro tendría la ilusión? Para quien humildemente escribe estas líneas la ilusión solo tiene un rostro que es la sonrisa.

Si nos fijamos en las Vírgenes cuyo recuerdo nos evoca su nombre Esperanza, aunque sean dolorosas en su rostro tienen una sonrisa que solo nos enseñan cuando las miramos con los ojos del corazón. Porque aunque representen el momento de dolor por la pasión de su Hijo en su nombre llevan la alegría de estar en la espera de la venida al mundo del Niño Jesús en Navidad y están en la auténtica convicción de que tras los tormentos sufridos Jesús resucitará regalándonos la alegría más grande que pueda existir. La sonrisa de la Esperanza nos dice que nada hay más cierto que saber que Dios está siempre cuidando de nosotros y que podemos confiar siempre en El. Es esa sonrisa que aparece en las caras de quienes vamos a visitarlas aunque alguna lágrima pueda llegar a nuestra mirada por la emoción que supone sentirlas cerca de nosotros. Sonrisa que nos muestra la Divina Enfermera con su Hijo en los brazos, y por eso es tan especial la sonrisa de la Macarena pues en su pecho siente a su hijo dormido en los brazos de la Virgen del Rosario.

Y como los Niños Jesús también sonríen, ¿nos hemos parado a mirar de verdad la sonrisa de los niños? Ya está dibujada en su rostro desde el momento mismo de su nacimiento cuando sienten por primera vez el calor y la protección del pecho de sus madres. La que se les dibuja cuando por primera vez van descubriendo el mundo en que vivimos. Si la ilusión tiene un rostro que es la sonrisa, esa sonrisa necesariamente es la sonrisa de los niños. La ilusión es ver sus caras cuando por primera vez van a un besamanos o besapiés y se acercan a venerar al Señor y a su Madre con ese beso que representa el amor más puro que se le puede tener a Dios y a la Virgen. La ilusión es ver sus caras al descubrir la rampa del Salvador que lo mismo es escenario de juegos infantiles que tribuna de excepción para contemplar la salida de la “Borriquita”, que es ilusión no solo de los niños sino también de los mayores que sentimos en nuestro corazón esa emoción de nuestros niños al ver a Jesús rodeado de hosannas, palmas y aleluyas en uno de los momentos más grandes de nuestra semana santa. Ilusión es el reflejo de sus caras al ver crecer en su manos la bola de cera que se alimenta de la luz que portan los nazarenos para alumbrar el camino de Jesús y María, cera que para que no se pierda derramada en el suelo de la ciudad ellos la custodian año tras año en sus bolas multicolor. La ilusión es sus rostros sonrientes al vestir por primera vez de monaguillo, paje o nazareno; es besar el libro de reglas la primera vez que junto a los mayores realiza la protestación de fe en la Fiesta Principal de Instituto de su hermandad; entrar a formar parte del grupo joven y empezar a trabajar de verdad por su hermandad; es salir por primera vez de acólito, primero en los cultos y luego en semana santa caminando muy cerca de sus amados titulares; cumplir 18 años y sentirles bajo las trabajaderas; Ilusión es tocar la primera marcha tras la salida del paso sabiendo que queda todo el recorrido para seguir rezando con la música que nace en los labios de los músicos cofrades…

Y por supuesto y en las fechas en que estamos la ilusión es la sonrisa en sus caras al ver los alumbrados navideños; adornar el árbol y las casas y por supuesto montar el “nacimiento” (ninguna casa cristiana sin nacimiento), cantar villancicos en familia, con los amigos y en el colegio; ilusión es las sonrisas de reunirnos las familias en la cena de nochebuena, las risas y la fiesta de nochevieja atragantándonos con las uvas; es la emoción de ver al Heraldo Real y la Cabalgata con SS MM de Oriente y, porque todos somos muy buenos, descubrir las sorpresas de los regalos en la mañana del seis de enero mientras Jesús revela a todos su Gran Poder.

Y el rostro de todo esto: la sonrisa. Porque si algo pone cara a la ilusión es la sonrisa y nada vale más que la sonrisa de un niño… El resumen de todo esto es el lema que ha elegido el Gran Visir de la Cabalgata de Reyes Magos de Sevilla de 2018: “Con una sonrisa… cambias el mundo”.

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