El Sanedrín

Rincones secretos…por Ángel Galindo

¿Está masificada nuestra Semana Santa? ¿Se puede seguir disfrutando de las cofradías sin apreturas? ¿Ha llegado a tal extremo de “acolarsamiento” el viario sevillano en la Semana Grande que hace inviable poder saborear estampas que hace no tantos años eran de fácil acceso y disfrute?.

Muchos dirían (diremos) que sí. Que hubo una explosión de público en las calles de la ciudad hace 18-20 años que empezó a llenarlas y convertir lugares hasta entonces casi despoblados en intransitables e inaccesibles con bastante tiempo de antelación (“¡por aquí no se puede pasar, que llevamos 2 horas esperando!”). Aún recuerdo, de pequeño, ir con mi padre de la mano y meternos en el compás del antiguo Convento de la Paz para ver salir la Mortaja (hoy día algo impensable), ver entrar casi en petit comité al Cristo de Burgos en su iglesia, o adentrarte en la por entonces Plaza de López Pintado y contemplar una relativamente tranquila entrada del Beso de Judas. Lugares y cofradías que, ya sea por aglomeración, vallas (¡ay, las vallas…!), aforamientos e incluso invitaciones expresas, dejaron de formar parte de tus sitios escogidos, de aquellos momentos que guardas en tu retina de forma especial, casi mística, cuando eras un infante en el que el poder de asombro y fascinación superaban todos los límites.

¿Y ahora qué? ¿Se esfumaron para siempre esos rincones? ¿La turba que se adentra en el entramado del casco antiguo lo atesta y abarrota por completo eliminando cualquier resquicio de intimidad y encuentro personal con el Señor y Su Madre en alguna “burbuja” de nuestras calles? No. Ni mucho menos. Esos “espacios vitales” siguen existiendo. Son otros, distintos a muchos de los que dejaron de serlo, y quizás se encuentren a otras horas diferentes de como lo fueron antiguamente. Pero están ahí, claro que están. ¿Qué dónde están? Pues eso, estimado lector, ya no puedo responderlo. Todos sabemos cuáles son. O cada uno sabe los suyos, los que ha vivido en primera persona, los personales e intransferibles. Sólo hay que saber y querer buscarlos, moverse, ir al lugar exacto en el tiempo oportuno… para que se muestren, ante ti, esos recuerdos de infancia de aquella Semana Santa sin grandes agobios, esos flashes de la memoria que se alojan en lo más profundo del alma, esas estampas soñadas que quedan guardadas en el corazón cofradiero. Y afloren nuevamente a tus sentidos para decirte que todo llega, todo pasa, pero algo siempre queda…

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Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org