Fotografías, Sevilla

Repaso visual al pleno Miércoles Santo

Tras varios días mirando al cielo, las nubes permitieron hacer su estación de penitencia a todas las hermandades del día

La jornada amaneció dudosa, el cielo no era todo lo azul que debiera y muchos pensaron que como sus antecesores en la semana, el Miércoles Santo también se chafaría. Afortunadamente, ese día si teníamos a hombre del tiempo de nuestro lado, el riesgo de lluvia descendió… y aunque no quiso irse del todo, permitió a las nueve hermandades del día realizar su estación de penitencia a la Catedral.

El día lo abrió la cruz de guía de la Hdad de la Sed, que a las 12:00 h en punto salió de la Parroquia de la Concepción. El cielo hizo alardes de refrán ‘Mañanitas de niebla, tardes de paseo’ y lució azul para que los nazarenos de capa blanca tomaran el Barrio de Nervión, acompañados de una pequeña y orgullosa representación de sus vecinos: los de cola y escapulario verde de la Hdad. de la Milagrosa. Por entonces ya empezaban a llegar nazarenos a la Parroquia de San Bernardo, no saldrían tras la cruz de guía hasta las 14:00. Cuando más aprieta el hambre, la Hdad. de San Bernardo sale, solita, sin nadie, como siempre… suena a típico, pero el Miércoles Santo le da a uno envidia no ser del barrio, aunque al llegar allí se sienta como en casa.

 

Cambiamos las capas negras, por el hábito franciscano en toda su esencia. La hermandad del Carmen ya viene desde la Calle Feria y casi parece que escuchamos cantar al gallo. Relució el sol y pudimos disfrutar del estreno del dorado de parte del misterio de las negaciones de Pedro. La Hdad de la Sagrada Lanzada empezó a formar en San Martín justo cuando los otros hermanos de marrón franciscano de la jornada, salían de San Antonio rumbo a la calle Jesús del Gran Poder. Veinticinco años cumplió la Centuria Macarena este Miércoles Santo detrás del Cristo del Buen Fin y estrenó en honor a la Hermandad la marcha ‘Una vida tras de ti”.

Tímida, la Piedad baratillera se asomó a la marabunta que con júbilo espera a la Hermandad en Adriano, la Virgen de la Caridad lo haría muuuchos nazarenos azul ultramar después. Y pasó, y fue la primera vez que sentí tan poca pena al verla marcharse y es que, como me soltó un vecino casual a pies quietos en mitad de aquella bulla: “Nunca antes nadie fue tan hermosa con trapos prestados”. Según me contó, aquel vecino correría a coger sitio para ver a la Hdad. de las Siete Palabras por la Puerta Real, -Señorita, no se pierda al Señor de la Misericordia, que es su año – No había que perderse al Señor de la Misericordia, ni al Cristo de las Siete Palabras, ni mucho menos a su Madre de la Cabeza completando cada año un poquito más su nuevo palio rojo.

La noche calló a plomo y comenzó a hacer algo de frío… ¿quien sabe si no fue porque salió a la calle aquel al que trajeron del norte para enamorar entre saetas a Sevilla en la plaza que lleva su nombre? Sí, he aquí otro topicazo del Miércoles Santo, pero es que es muy difícil no caer a las plantas de la magia que envuelve a la Hdad. del Cristo de Burgos.

Dice la periodista Dña. Eva Díaz, que el Miércoles Santo comienza con sed y termina con olor a panes blancos. Y yo me lo creo, al menos la segunda parte, y es que no se entendería este ecuador de semana sin que lo cruzase el barco del Señor del Soberano Poder cargado de espigas.
Difícil medir, en todos los sentidos la jornada del Miércoles Santo, donde nada tiene que ver con nada, pero todo encaja a la perfección… aunque no tenga la precisión de un reloj suizo.

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