El Sanedrín

¿Por qué te vas, Cuaresma?

¿Por qué te vas? ¿A dónde te vas? Cuaresma, tan efímera y voladiza. Tan tenue y brillante. Tan resplandeciente cual rayo de sol en la mañana más bonita del año. Tan fugaz cual suspiro en el atardecer. Se nos escapa de entre los dedos cual nube de incienso se pierde en el cielo. Se fue tan rápido que algunos aún se preguntan si realmente ha llegado a estar con nosotros.

Se pierde en el horizonte, al mismo tiempo que se atisba el último y a la vez, primer amanecer de la Semana. Amanecer que se confunde con la caída de la tarde con la noche que no quiere acabar. La silueta traviesa de la primera luna llena de la primavera se esconde ante la llegada de un amanecer cargado de Esperanza, esa que nunca se acaba. Esa misma Esperanza que depositamos cada 18 de diciembre en el corazón de Sevilla y Triana, la misma Esperanza que cada año tenemos en que tú, querida Cuaresma, llegues un año más. Y es que parece que los años no pesan con tu llegada, pues muchos son los que en ti ven un nuevo renacer. La vida les da un soplo de aire nuevo al ver como todo contigo se vuelve añoranza, a la vez que nostalgia y a su vez, como no, en esperanza. Añoranza de lo que fue, nostalgia por lo que se tuvo y la esperanza de que lo mejor está siempre al final del camino.

Principio y fin. Fin y principio. No hay ecuación posible o incógnita que despejar, pues todo lleva a ti. Todo cuanto esperamos, tiene que pasar antes por ti. Camino de cuantos caminamos en busca de un par de huellas que nos acompañen en nuestro transitar por ti. Unas huellas que nunca serán las nuestras, pues nunca hemos caminado solos. Eres esa puerta de entrada que nos devuelve a nuestra más sencilla humanidad, esa que nunca debemos olvidar. La puerta que nos hace pequeños ante el verdadero Dios. La pequeñez humana que nos recuerda que Dios, también fue humano, pues es solo así se entiende lo que de divino hay en el hombre y lo que de humano hay en Dios.

Y ahora que te vas, casi aún con el resto de la ceniza en mi frente, por esa misma puerta que todos hemos pasado. Esa puerta que nunca llega a cerrarse, pues todos esperamos con anhelo que vuelvas con el paso del tiempo. Tiempo que nos servirá para, una vez hayas vuelto, merecer pasar de nuevo por ti, ser dignos de poder tocarte con nuestros dedos, poder saborearte y atraparte en cada uno de nuestro corazones, pues es ahí donde todo cobra sentido, donde emergen los más profundos sentimientos, es ahí donde todo empieza. Es ahí, Cuaresma, donde habitas durante todo nuestro tiempo.

Cuaresma, ¿por qué te vas?

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