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Pinceladas de Pasión

Tweet Esta mañana, y por segundo año consecutivo, el salón de actos de la sede central de Caja Rural del Sur ubicado en la calle Murillo número dos de la ciudad hispalense, ha acogido la presentación del Cartel de la Semana Santa de Sevilla del año 2012 que edita anualmente el Consejo General de Hermandades y Cofradías. Su emocionado autor, Antonio Joaquín Dubé de Luque, designado para desempeñar esta labor desde el mes de octubre del pasado año, presentó un cartel que ha sorprendido gratamente a la Sevilla cofrade presente en el acto.

El cartel es una magistral composición en óleo sobre tabla, con una prominencia de tonos morados, como color pasionista, en la que destaca a la derecha el protagonismo del rostro de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, que clemente y paciente fija su todopoderosa mirada a la soledad absoluta de su Madre, representada por la bella dolorosa de Montes de Oca, y al cuerpo yacente, como presagio de lo que ha de venir, del Cristo de la Providencia de la Hermandad Servita. El dramatismo del escorzo de la prodigiosa cabeza del Nazareno, pintada con un realismo sobrecogedor, muestra la tristeza y el dolor por el sufrimiento de su Madre ante los acontecimientos, más que por la tortura padecida en el monte Calvario y su muerte física tras la crucifixión.
Dubé de Luque, sitúa el punto y final de la obra en el punto de partida de la única esperanza de los cristianos, la de la resurrección de la carne tras la muerte a semejanza de Jesucristo y según las escrituras. Como símbolo de esperanza, se basa en el icono mariano más universal de Sevilla, atisbándose a lo lejos el incandescente e inconfundible paso de palio de Santa María de la Esperanza Macarena, iluminado por sus hijos de luz que portan cirios de cera verde ante la Madre de Dios.
Un mensaje muy necesario y evangelizador en los tiempos actuales: el amor incondicional de la Madre ante la pasión y la muerte del Hijo, y la esperanza en la resurrección de todos los creyentes. Una obra en la que me atrevería a decir que la protagonista indiscutible es María que, a pesar de estar representada en un supuesto segundo plano, acoge en sus brazos a su hijo descendido del madero. Pasando después a presentarse en la lejanía del camino, sin salir aún de las naves catedralicias por la Puerta de Palos, cual metáfora constante en nuestras vidas, que por muy lejos que la sintamos nunca debemos dudar de su presencia constante, quedando siempre renovada en los corazones de los hombres de bien, su halo de eterna esperanza que tras la muerte, la última, será la ansiada resurrección.
En definitiva, desde lo artístico es una obra de gran calidad, muy acorde con los cánones clásicos imperantes en el mundo cofrade de nuestra ciudad, difícilmente del gusto de aquellos que no saben apreciar las tradiciones más rancias y se dejen influenciar por modas efímeras y sin calado espiritual. Completa desde el punto de vista teológico, con un fuerte mensaje de amor materno filial, y viceversa, que abarca con tan sólo tres pasajes bien definidos, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Sorprendió, gustó y ahora toca disfrutar de la espera, en estos cincuenta días que anteceden a la eclosión de sentimientos y vivencias “pasionales”, de nuestra próxima Semana Santa.

Por Rafael de los Santos López.


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Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org