in

Para Ana…por Luis Miguel González

Mucho se ha escrito, se ha dicho, se ha rumoreado o simplemente se afirma, que en las hermandades hay mucho “aparentar”, mucha “vara” y cuanto más dorada mejor y mucho “figureo” que forma parte intrínseca del fenómeno “miarmismo sevillano”.

Ya han pasado las elecciones donde este fenómeno alcanza su punto más álgido, es cierto que en unas hermandades más que en otras, cosas de la vida, de la fe, de la formación o simplemente señores que saben donde están y otros que no tienen la menor idea, por ello, este fenómeno incide en mayor o menor medida, pero casi nadie se escapa de él.

Hemos llenado con ríos de tintas los medios escritos, ríos de palabras en prensa y televisión sobre los dimes y diretes de las hermandades, acusaciones directas con denuncia pertinente ante el arzobispado, para ello no hace falta ser foráneo ni subir al Twitter una colgadura que ponga ”Dios no existe, esto es un muñeco”, ya se encargan los propios hermanos de las corporaciones de exhortar con verdadera pasión en el uso del diccionario,  palabras ofensivas, algunas de ellas que ni si quiera conocíamos.

Durante las campañas, los candidatos usan todas las herramientas para llegar al hermano, para informales, ponerle al día incluso habitúa vehículos de comunicación para que el éste, aporte sus ideas, sus inquietudes y sus sugerencias.
¿y después qué? ¿Qué sucede con la candidatura que pierde?, pues simplemente desaparece, de la misma forma que antes de las elecciones tampoco aparecía aunque en ese paréntesis electoral, se le llenaba la boca con el nombre de su hermandad, pero vamos, que ese entusiasmo dura lo mismo que un globo de helio de la feria o mejor dicho, uno de esos globos de cofradía de barrio que van tras el Paso de Palio.

¿y la candidatura que gana?, pues depende…, las habrá que continúen con la tarea de las distintas juntas de gobierno, que seguirá sumando y apoyándose en el trabajo anterior, que contará con lo ya realizado, con los equipos ya formados engrandeciéndolos éstos, aportando valores y experiencia, para mí este tipo de junta es la ideal, aunque reconozco que es la que menos prolifera en la urbe cofrade,  habrá juntas que entren como un elefante en una cacharrería para que la hermandad no la conozca ni “la madre que la parió”, habrá juntas que establezcan su feudo, conocidos popularmente como “cortijo” donde cada miembro tenga su parcela, perfectamente delimitada donde colocará una silla para que le rindan pleitesía y poner en práctica lo aprendido en Juego de Tronos. Todo esto es muy típico del “miarmismo”

La Junta de gobierno, es importante en la hermandad, en su conjunto, rigen los designios de la mismas ya que son el órgano directivo y organizador, sin olvidar por supuesto el conjunto de los hermanos (el mayor patrimonio de la hermandad… cuanto se nos llena la boca con esta frase) los cuales en cabildo general del hermanos somos el órgano supremo de gobierno…, que nos gusta los superlativos…

Además todos los hermanos somos iguales…, ¿somos iguales?, aquí hago un paréntesis, lógicamente somos iguales en derechos y OBLIGACIONES.

Es muy típico del “miarmista” exigir los derechos y si fuera necesario, ante Palacio, otra vez se nos llena la boca. En el campo de las OBLIGACIONES, la cosa cambia, ahí somos menos ortodoxos pues “no tengo tiempo” o “tu que sabes si he ido o no”.

Hablamos también del hermano capirotero, ese que nada mas que se acerca a la hermandad cuando sale la cofradía, en mi opinión es tan válido y necesario en la hermandad como cualquier otro, quizás su compromiso no sea totalmente el deseado, pero bien que lo queremos para que aporte su “donativo de salida” o para engrosar el número de nazarenos que luego se verá reflejado en el correspondiente programa de mano, aunque cuando los contamos en campana, como si fuera aquello el “Triángulo de las Bermudas”, la cosa se desinfla, son las cosas de los errores de imprenta, no vamos a ser mal pensados.

En este punto y tras lo anteriormente descrito, llego a quien verdaderamente va dedicado este artículo, a quien es ejemplo de cofrade, de cristiano comprometido y porque no decirlo, verdadero Hermano y verdadero tesoro,  el hermano anónimo que ayuda a la hermandad, porque ni siquiera este tipo de hermano tiene una palabra que lo designe.

El hermano anónimo que ayuda a la hermandad no depende de ninguna candidatura, de ninguna Junta, de ningún hermano mayor ni de un puesto en la cofradía. Este hermano está por y para su hermandad sin importarle las disputas, el reconocimiento, el aparentar y mucho menos una vara y por supuesto el arzobispado no sabe ni donde está.

Este es el hermano que va a cobrar a las casas, ese que tiene que dar 5 vueltas para coger unos pocos euros, pero que siempre que le abres la puerta, aparece con una sonrisa.

Es el hermano que se pone al final de la iglesia, que no se acuerda de la última vez que se puso el traje o simplemente, no le dio tiempo porque hasta última hora ha estado trabajando para que el culto este impecable y no falte un solo detalle.

Es el hermano que pasa la colecta, quizás el que pierda el tono cantando, es el hermano que nunca pide nada.
Es el hermano que se pone tras la barra, con su camiseta donde luce con orgullo el escudo de su hermandad, el que va por el barril cuando se han terminado o a buscar hielo cuando éste se ha agotado. Es el hermano, al que no le importa salir de aguaó o con una pértiga para subir los cables, es el hermano que tiene tiempo para estar en la hermandad cuando venga la cera para la cofradía, o el hermano que sube o baja los kilos a la parihuelas de ensayo.

Es el hermano que nunca falta a ningún acto, sea el que sea, allí esta él o ella.

Es el hermano que prepara las pertinentes copitas tras los actos, e incluso el que va a comprar las viandas cuando nadie puede. Pocas veces lo has escuchado hablar en un cabildo general de hermanos, su pasión y su fe esta en otro sitio.

Es el hermano que recoge el cuadro de la “Casa de fotos” para que este preparado, el que va por los papeles a los organismos oficiales y el que recoge las vallas o el que pone la rampa de salida.

Es el hermano que abre o cierra la puerta de la iglesia, el que hace de sacristán e incluso si falta uno, sale de acólito.

Seguramente es el hermano al que la vida no le trató como merecía, el que sufrió las penurias, el que tiene motivos más que suficiente para no creer, o bien el que tras todo lo sucedido supo encontrar a Dios.

En definitiva es el hermano totalmente inmune al “miarmismo”.

Este hermano aparece poco en los medios cofrades, si es verdad que cuando sale es porque ha fallecido aunque para no faltar a la verdad, es cierto que hay hermandades que han reconocido la labor de estas personas en vida que es donde hay que hacerlo.

He tenido el gran honor de conocer este tipo de hermano, en este caso hermana quien nunca tendrá en la iglesia una placa de mármol con su nombre, pero que seguro está grabado a fuego en nuestros corazones, para mí es un ejemplo a seguir, de ahí el nombre con el que encabezo el artículo, su nombre era Ana y hoy en día como muchos de estos hermanos,  ya goza en el cielo de la plenitud del Padre.

Y usted, Hermano Mayor, ¿presume de medalla dorada?, presuma usted de este HERMANO.

Luis Miguel González Blázquez

@inturion

¿Qué te ha parecido?

0 puntos
Upvote Downvote

Total votos: 0

Añadir voto: 0

Porcentaje votos positivos: 0.000000%

Quitar voto: 0

Porcentaje votos negativos: 0.000000%

PASATIEMPOS | Nuevo crucigrama cofrade

Más 30 años de sones cigarreros para el paso de misterio de La Carretería