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¿Dónde está Dios?

La opinión de Juan José Caravaca

Juan José Caravaca Silva

Días pasados llamó poderosísimamente mi atención un comentario de un amigo y primitivo hermano: “Mediciones de calor en un paso, GPS, estrenos, procesiones, bandas, igualás, rankings de marchas o de “cambios” en campana… ¡Donde está Dios!” Ciertamente en el mundo cofrade actual hemos de reconocer y hacer un profundo examen de conciencia que tenemos a Dios de lado. Justo lo que debería ser el epicentro y lo que mueve toda nuestra actividad está apartado de nuestro quehacer.  

Por definición y génesis nuestra semana santa tiene un marcado componente popular, desde sus orígenes y sobre todo desde el Concilio de Trento, las procesiones públicas con las imágenes del Señor servían para formar y catequizar al pueblo al contemplar los misterios de la Pasión en un momento en el que ni había libros ni mucho menos se sabía leer. Con el transcurso del tiempo la formación cultural ha ido en aumento, no siendo tan importante esta función educativa, al menos desde la perspectiva del conocimiento, pues evidentemente desde un punto de vista catequético sigue siendo importante ya que con tantos mensajes cofrades que vertimos en las RRSS (por poner un ejemplo) en una gran medida no somos capaces de ver que en esos mensajes está Dios. 

Recuerdo mi infancia, viendo cofradías  en brazos de mis padres, como me enseñaron a presignarme al paso del Señor y de la Virgen con un mudo padrenuestro o avemaría (costumbre que procuro transmitir a mis hijas y que veo hacer a otros muchos que también están viendo el discurrir de la procesión), lo cual marca lo importante. Por supuesto que música, flores, incienso y el trabajo de capataces y costaleros ayudan a que ese sea un momento sin igual y esteticamente bello y perfecto. 

Y es posiblemente por la corriente de laicidad que vivimos, la falta de formación cristiana en muchas familias en las que se hace la comunión como algo social y por los regalos (por poner un ejemplo), que en gran medida se ha vaciado de contenido religioso nuestra semana santa, y eso que ése fue precisamente el origen de la misma. Así tenemos procesiones en que lo único que importa es el salir, no por qué se sale; nos centramos demasiado en los estrenos o en el orden de paso por la Campana (o por Catedral) y los tiempos de paso; escenografías y músicas de acompañamiento que lejos de ser eso, acompañamiento, han tomado el papel principal, multiplicamos los viacrucis y rosarios públicosposiblemente más por buscar una “salida” que por el propio hecho en sí de la oración en común…. ¿puede ser que la poca afluencia de público al viacrucis del consejo en la catedral sea porque nos quedamos en el traslado y en el momento de la oración aprovechamos para un descanso y a esperar el traslado de vuelta? ¿cambiarlo de día arreglaría esto?  ¿Vemos dónde está Dios? También es cierto que si alguien al ver una imagen en la calle se acuerda aunque sea de decir “Ave María Purísima” habrá valido la pena salir, pero hay mucho que mejorar. 

Las hermandades y sus juntas, de las que he formado parte en varias ocasiones, consejo, delegación de hermandades, debemos hacer examen de conciencia. Me consta y es evidente que se están poniendo en marcha muchos planes de formación que tratan de paliar esta situación que vivimos. Músicas, cambios, chicotás, flores, bordados, libreas, dalmáticas, golpes de pértiga, representaciones, todo es importante y ayuda a centrar y dignificar nuestra celebración y sobre todo porque son y las hace el pueblo, pero no debemos nunca olvidar que lo fundamental siempre es lo que va encima de los pasos, no por ser obras de arte, sino por lo que representan: a Dios y a su Madre. 

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