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OPINIÓN: Decisión de Hdad. de la Esperanza de Triana

Para hablar de la ¿organización? de las Hermandades de la Madrugá, en cuanto a lo que su jornada se refiere, hay que tener valor, mucho valor. Cierto y conocido es el problema que casi todas ellas tienen que soportar la noche del Viernes Santo: horarios muy ajustados, cortejos muy amplios y recorridos muy encontrados. Todo esto da lugar a los famosos retrasos, parones y problemas que con ellos se originan en esta jornada.

 

Parece evidente que el día necesita una reestructuración, debatible y con varias ramas sí, pero la necesita y urgentemente. Pues bien, a pesar de esto, pasan los años y, aunque pueda parecer ilógico y contradictorio, ninguna hermandad cede para solucionar este conflicto. Parecía que este año dos mil catorce vendría esa ansiada remodelación de horarios e itinerarios aunque, una vez más, nos tenemos que quedar con las ganas. Tras la reunión del mes de noviembre, las hermandades de la Madrugá toman esta decisión: no habrá cambios en esta jornada este nuevo año. Hasta ahí todo correcto, se puede compartir o no, pero todo correcto.

 

El problema viene hace unos días cuando, a falta de casi cuarenta días para el Domingo de Ramos, la Hermandad de la Esperanza de Triana decide (sin previa consulta a nadie) que recupera el itinerario que tenía hasta hace poco y que en su día había permutado con la Hermandad del Calvario. Es decir, volver a pasar por Murillo y O´Donnell en lugar de Rioja y Velázquez. Y, lo mejor de todo, es que este cambio piensa hacerlo haga lo que haga el Calvario. Resumiendo, yo recupero mi itinerario porque me da la gana le afecte o no le afecte a otras Hermandades.

 

Los motivos de la Esperanza de Triana son muy simples: tengo un acuerdo que puedo romper cuando quiera, tengo un cortejo muy amplio y, como tengo más metros que antes, el palio se me queda descolgado. Motivos, desde mi modesto punto de vista, entendibles. Ahora bien, una cosa es que se entiendan y otra que se comparta la forma y el fondo con el que ha actuado la Hermandad.

 

En la última reunión de las Hermandades de la Madrugá, a la que no acudió precisamente la Esperanza de Triana, se acordó lo siguiente: los problemas de horarios e itinerarios se tratarán después de Semana Santa. Por lo tanto, antes de Semana Santa no hay cambios. Mi reflexión es muy sencilla: te pasas la reunión por donde dijimos, falta nada para Semana Santa, perjudicas a dos hermandades. Por lo tanto, ¿a qué viene este cambio ahora?

 

Eso es lo que me gustaría entender. ¿No ha habido tiempo para cambiar esto? ¿No has tenido una reunión de por medio con todos los hermanos mayores? Pues bien, ese era el momento de cambiar, ese. Si no acudes a la reunión, que es tu obligación, te tienes que aguantar con lo que en ella se acuerde.

 

Yo no niego que la Hermandad de la Esperanza de Triana tenga un acuerdo que puede cambiar cuando quiera pero, repito una vez más, ¿ahora era el momento de cambiarlo, ahora? ¿Eran estas las formas idóneas? ¿Es esta la imagen adecuada que queremos transmitir? Yo, como tengo un acuerdo, lo cambio como quiero y cuando quiero, afecte o no a más gente. ¿Esto es lo que queremos?

 

Tampoco entiendo lo de “el palio se queda descolgado”. Vamos a ver, es una contradicción. Si una Hermandad tiene que estar una hora parada (según se dice desde la Hermandad de la Esperanza de Triana), ¿cómo se va a quedar el palio descolgado? Una de dos: o no hay tanto parón o el palio anda muy lento. Como ya he dicho, me parece una contradicción decir que un parón el palio se queda descolgado.

 

Todo hay que decirlo, hay que romper dos lanzas a favor de esta Hermandad. Una, es un esfuerzo grande el que hacen desde que salen del Puente de Triana para no dejar retraso a la Hermandad del Gran Poder. Dos, la Hermandad merece más tiempo de paso. Igual que se dice lo malo hay que reconocer los derechos que, de forma injusta, no tiene la Hermandad de la Esperanza de Triana. Pero, dicho esto, no se justifica la actitud ya comentada anteriormente.

 

La Hermandad de la Esperanza de Triana, una vez más, vuelve a caer en el error. ¿Culpas? Bien lo sabemos todos. ¿Perjudicados? También lo sabemos. ¿Solución? Cordura, generosidad y buena voluntad por parte de todas las Hermandades. En este caso no ha habido ninguna de esas tres soluciones.

 

Una decisión errónea, dos perjudicados y una imagen lamentable para nuestra Semana Santa y nuestra ciudad. Como ya he dicho en otros artículos de opinión, nos falta base, mucha base.

 

 

 

José Antonio Montero Fernández.

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