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Nuestro Momento

Esto se nos ha ido de las manos, muchacha de mi vida. Te creías que tenías el tiempo en tus manos, que controlabas cada resquicio de la vida… Y al final mírate, mira la cara que se te ha quedado, igual de hermosa que tu nombre. Mil momentos nos esperan a las puertas de la Gloria, mil momentos contigo.

 

Cristalino renacer de sentimientos, cárcel bendita de la memoria infantil, novia de los bellos de punta, muchacha de mi vida… cómo se te ha ido todo esto de las manos, ¿cómo no te has dado cuenta? Con la de veces que la hemos nombrado, con la de instantes que hemos vivido con ella, con lo básica que es ella para ti. Mil momentos, muchacha, nada menos.

Mil momentos de emociones, de recuerdos y vivencias; mil momentos nazarenos, costaleros o mantillas; mil momentos de oraciones, de llantos, de promesas descubiertas. Y tú, escenario del tiempo, casi nada, fundiendo el tiempo en cada uno de esos momentos. Tú, siempre tú.

 

Muchacha, no es por agobiarte, pero deberías ir preparando el cielo del Domingo, el sol y hasta la gente. Los pasos están todos listos, las ganas florecientes, estamos todos dispuestos, esperando que tú comiences. No te despistes, mujer, que en cuanto cierres los ojos se te habrá ido otra vez. Y volverán los lamentos, el no saber cómo fue; volverá el tiempo a su sitio y todo a su sitio otra vez. Mil momentos, muchacha, mil momentos en un infinito parpadeo.

 

Los segundos se te escapan de las manos, no sé qué hacer para pararlo, no sé cómo frenar esta ola inmensa de emociones que está a punto de inundar tus calles. Ayúdame, anda, tú que tanto la conoces, tú que tan bien la dominas. Hagámoslo juntos, paremos el tiempo los dos. Como lo hacíamos hace años en el parque con La Paz, o en el puente con San Bernardo. Venga, dame tu mano, muchacha.

 

Mil momentos, pueblo mío, mil momentos nos aguardan. Que reluzcan vuestras túnicas al viento enardecido, que iluminen vuestros cirios las más oscuras tragedias que vuestras almas soporten, que vuestros pies limpien el sinvivir de unas calles deseosas del júbilo de la Semana Santa. Sí, amigos, sí: Domingo de Ramos de nuevo, mil momentos por delante para morir de gozo hasta el cielo. Y los míos, con ella.

 

Mil momentos de ilusión,

causa de tus mil desvelos.

Mil momentos de emoción,

de suspiros en el Cielo.

 

Mil momentos de Triana,

de San Gil y de Alcazaba;

mil momentos, soberana

de un amor que no se acaba.

 

Mil momentos por vivir,

por trazar nuestro destino.

Mil momentos, sí; Sevilla

y los mil, amada mía,

los mil siempre contigo.

 

 

José Antonio Montero Fernández

 

A los cofrades de Sevilla.

A Sevilla.

A Rasero.

 

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