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No llamadme Vísperas

Juan José Caravaca Silva @juanjc64

Cuando hablamos de Semana Santa, hablamos de una fiesta con casi 700 años de historia. Si, digo bien, Fiesta. Porque lo que evidentemente tiene su origen en una manifestación de fe y catequesis ha calado tan hondo en el alma del pueblo que lo ha convertido en algo tan suyo y propio que no existe calificativo mejor, teniendo en cuenta que aparte el carácter penitencial de las hermandades la salida de las cofradías constituye una verdadera celebración de las mismas, las familias que las componen y los barrios donde pertenecen.

Esta longevidad viene sin duda avalada por la capacidad de adaptación de las corporación a los diferentes momentos históricos que les ha tocado vivir adecuándose a los cambios no solo políticos, sino también religiosos, porque aunque muchas veces se tache de inmovilista a la Iglesia, una sola mirada a su historia, sobre todo a la más reciente nos revela un gran número de cambios en su seno de los que las cofradías no solo no son ajenos sino que los han asumido con total naturalidad.

Muy a tener en cuenta también ha sido la expansión de la ciudad, sobre todo en los últimos 50 años con la creación de un gran número de barrios extramuros que han ido absorbiendo una grandísima parte de la población de la urbe y que poco a poco, han ido creando sus propias hermandades precisamente para atender las necesidades de los mismos, algo tan simple como tener la cercanía de las imágenes para poder visitarlas en la vida cotidiana y a través de ellas, dirigir sus oraciones a Jesús y a María.

Estas hermandades en su mayoría realizan su estación de penitencia en los días previos al Domingo de Ramos, denominándose por tanto hermandades de vísperas, pero sinceramente deberíamos recapacitar ante esta denominación: el propio término “víspera” hace referencia a lo que antecede a un día concreto, así la nochebuena es la víspera de navidad, por tanto hermandades de vísperas seria decir que anteceden a la Semana Santa y creo que esto no les hace justicia teniendo en cuanta la labor que estas hermandades realizan a diario en sus respectivos barrios.

Aparte la tarea catequética, de formación y evangelización que les es propia a las hermandades hay que sumar todas las labores de acción social que realiza: atención a los necesitados, reparto de alimentos a quien no tiene medios, comedores sociales, donaciones de sangre, atención a mayores y desempleados, y también muy especialmente atención a los más jóvenes. Ante esta realidad, ¿quién puede decir que esto no es Semana Santa Plena?

Para referirnos a las vísperas, como lo que antecede al domingo de ramos, tenemos los besapiés y besamanos del viernes de dolores, la función principal a la Virgen del Valle con su majestuosa Misa de Gómez Zarzuela, los viacrucis y traslados a su paso del Señor Descendido de la Sagrada Mortaja, del Cristo de la Veracruz, del Señor del Descendimiento de la Quinta Angustia, los besamanos de la Soledad de San Lorenzo o la Virgen de los Dolores de San Vicente, y ya el sábado de pasión del traslado del Cristo de la Divina Misericordia de las Siete Palabras o el imponente traslado del Cristo del Calvario.

No llamadme vísperas, porque esto es Semana Santa Plena. No tendrán los siglos de historia de otras corporaciones pero ¿quién pone en duda la labor que realizan? ¿Por qué no las llamamos, por ejemplo, Hermandades de Pasión atendiendo a los días en que salen? Porque no hay más Pasión que ver a un barrio volcado con su hermandad. Que Dios os bendiga.

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