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El Tiempo sin el Tiempo: Luna llena de Gracia

detalles66En el cielo, silenciosa,

todo lo baña su presencia.

Del calendario, juiciosa.

Negro faro de penitencia.

 

A cada lado la gente

con su vida en mil historias.

Por la derecha un penitente,

testigo de mi memoria.

 

Como un foco encendido,

ilumina el pensamiento.

Paso a paso, ni un ruido,

se está calentando el viento.

 

Mirada intensa, feroz.

Cruel emoción contenida,

palabras sin labios ni voz

para mil emociones vividas.

 

Hoy su vida vuelve a ella

como un viejo pasajero,

buscando en su ser la huella

de este desmán de desvelos.

 

Misma forma de sentir,

bien distintas situaciones.

Escenario para diluir

esas mudas oraciones.

 

A cada instante la espera

niega en firme a la paciencia.

Su destino está en la cera

del perdón y la clemencia.

 

Hoy escondida se halla

en el negro terciopelo.

Mañana, infinita estalla

hasta el próximo desvelo.

 

Cuarenta lunas más vendrán

hasta el ansiado momento,

cuarenta sueños le pondrán

alma a cada sentimiento.

 

Hasta que el momento llegue

el aire se hará de incienso,

la vida será azahar

y cada sentir intenso.

 

La mente vuelve al presente,

deja atrás levemente al pasado.

Poco a poco, siempre de frente,

el ciclo de nuevo ha brotado.

 

El tiempo ya la bordó

en el cielo, fría y muda,

tal como él la sintió,

tal como mi alma desnuda.

Lo dice quien lo vivió

y no da lugar a dudas.

 

Mi luna es la que lloró

desde Méjico Cernuda.

 

José Antonio Montero Fernández.

 A Rasero.

A Sevilla.

Al tiempo, a su descubridor.

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