Sin categoría

Los Nuevos Propósitos

Tweet Año nuevo, vida nueva. O al menos eso dicen. Cada vez que empieza un nuevo año, las personas deciden renovar sus compromisos, se proponen cambiar y comenzar a hacer algo diferente. Los estudiantes deciden llevar las asignaturas al día; los que nunca fueron deportistas, de repente deciden ponerse en forma yendo al gimnasio y haciendo ejercicio; algunos comienzan la dieta para quitarse los kilitos de más que ha cogido durante la Navidad; y bueno, debemos añadir las promesas comunes a todos los niños (grandes y pequeños) que se plantean lo típico de portarse mejor, pelearse menos con los hermanos, etc. Sí, todas esas cosas que prometemos por el cambio de año que al final no cumplimos, o que si lo hacemos sólo nos duran los propósitos durante 3 ó 4 semanas (y muchas nos parecen).


Cuando un año pasa, hacemos balance de todo lo que ha pasado durante ese período de tiempo: las cosas buenas, y las cosas malas. Lo bueno siempre queremos mantenerlo, y es lógico; y lo malo, siempre queremos cambiarlo, queremos mejorar y aprender de los errores. Pero lo cierto es, que al durar tan poco los propósitos, no aprendemos de nada. Nuestro principal fallo, es que no somos capaces de comprometernos con la mejora diaria de nuestra vida. Y aunque sabemos que algo nos hace mal, ahí seguimos.
El ser humano, es imposible de romper directamente con su pasado. Hay cosas que decide enterrar y no volver a sacar a la luz, pero su subconsciente se lo impide. Y es que es así. Cuántas veces hemos dicho que perdonamos pero no olvidamos, y el que diga que olvida miente, porque hay cosas que no se olvidan y se almacenan en un huequito de nuestro corazón que se va llenando poco a poco de ira y rencor hasta que explota consiguiendo que echemos en cara a la otra persona todas aquellas cosas que supuestamente habíamos perdonado. Entonces, ¿para qué sirve perdonar y pedir perdón? Es decir, si somos tan orgullosos como para no perdonar de corazón, ¿por qué lo hacemos? En realidad creo que pocos sabrían contestarme a esta pregunta sinceramente, pero de todas las respuestas que me han dado a lo largo de mi vida creo que la que más me convence es: que perdonamos por el simple hecho de sentirnos liberados de un peso y limpiar nuestra consciencia. Al perdonar y sentirnos perdonados nos sentimos bien con nosotros mismos, aunque sepamos que no es un perdón de corazón y que nada volverá a ser como antes por mucho que luchemos por ello.
Por todo esto, quiero decir, que hacemos tantas promesas a lo largo de nuestra vida, no sólo con los propósitos del nuevo año, sino casi a diario que nos proponemos cumplir tan a largo plazo que acaban olvidándose. Por eso, yo os propongo fijar metas más cercanas: quizás a la semana o como mucho cada mes. Algo más tangible que un año. Para que el próximo balance emocional que hagamos sea mucho más positivo que los anteriores.
¡Feliz año!

Carmen García de la Escosura
AnteriorSiguiente
Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org