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Los Días de la Espera por Carlos Navarro

Tweet El ciclo ha comenzado. Apenas nos ha nacido Dios y ya estamos esperando su muerte… ¿cómo puede esperarse la muerte de alguien? Qué hermosa paradoja la que se nos presenta con la Cuaresma. Y es que, ¿quién puede dejar de contar ansioso los días que nos separan de la muerte de Cristo? Ni siquiera Él mismo puede resistirse: hay cristos que parecen contar, con sus dedos crispados, los días que quedan para su salida. A muchos les faltaría decir: “Si para pasearse por Sevilla es necesario morir… ¡se muere!” Y es que hay que ver, Dios mío, cómo te pasean por Sevilla…
Aunque también hay cristos ante los que el gozo de la espera pasa desapercibido. Ante esos cristos sólo apetece rezar por alguien, recordarle, e intentar consolarse mirándole a los ojos, si no se nos llenan antes de lágrimas. Aunque siempre hay una luz que invita a recordar que queda poco, que los días pasan para ti y también para él, y que en un tiempo habrá momentos en los que se te desborde el corazón. Porque detrás de ese Cristo agonizante o muerto, siempre aparecerá Ella. Pase lo que pase, siempre pasará la Madre, siempre pasará la Esperanza.
Ella también cuenta, como nosotros, como su hijo, los días que quedan. La Madre no esconde las ansias de reunirse con sus hijos, tiene ganas de que le cuenten qué pasó con aquella duda, qué fue de aquel amigo, cómo salió aquella operación. Y entonces brotan de sus ojos lágrimas de alegría, porque Ella ya sabe que por la muerte de Dios no hay que llorar, sino que hay que llorar por el gozo del reencuentro, por el abrazo de su mirada y la de sus hijos cuando por fin termina la espera y Ella pisa gloriosa la calle. Porque hay que ver, Madre mía, cómo te hacen pisar la calle y cómo te mecen por ella, y cómo ese rosario que llevas pendiente de la mano se mece a tu compás.
Con ese rosario que se mece a tu compás vas enumerando los días, esperando a que llegue la hora en que te abran las puertas del corazón todos los que te mirarán. Cuentas incansable las cuentas del rosario de días y noches que nos separan del abrazo. Y entre noches y días de expectación derramas alguna lágrima, anticipo de lo que ha de venir, sin sentir cómo pasa la Cuaresma, porque tú presientes la alegría… y yo lo hago también.
Carlos Navarro (@Carlosn91)
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Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org