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Los Caireles de la Esperanza

¿Cuál es la verdadera historia de la nueva saya de la Esperanza de Triana?

Autor Israel Adorna

Lo vivido en los cosos españoles entre 1914 y 1920 fue innegable: Joselito y Belmonte habían sido llamados a escribir la edad dorada del toreo. El primero, el menor del gallinero del señor Fernando, levantaba entregadas ovaciones por la gracia del variado repertorio joselitista, cuyos quites eran ejecutados desde un dominio consumado del toro. El segundo, pasmaba desde Triana por torear como no se podía, ya que, en palabras de Cossío, invadía el terreno del animal contraviniendo el precepto de Lagartijo[1], pues cuando venía el toro ni Belmonte se quitaba ni el toro quitaba a Belmonte.

El delirio que generaron por separado relegaba al olvido la admiración que poco antes habían despertado Bombita, Pachaquito o Rafael “el Gallo”. La rivalidad Gallito vs Belmonte iba más allá de la que mantuvieron en su tiempo Frascuelo y Lagartijo, pues traspasó los límites del graderío entrando en el terreno sentimental de la ciudad, que así lo manifestó en todos sus ámbitos. No es de extrañar entonces que los mano a mano protagonizados por ambos diestros fueran acontecimientos que convulsionaban a toda Sevilla durante las semanas previas y posteriores. Solamente los desplazamientos de los toreros desde sus domicilios a la Maestranza eran vividos con la pasión y la entrega masiva del pueblo como si de una procesión cofrade se tratase.

Joselito “el Gallo” y Juan Belmonte

El Jueves Santo de 1920, al regreso de la Hermandad de la Oración en el Huerto, se cantó desde un balcón: “Padre mío de Montesión/ te lo pido de rodillas/ que le des suerte a Belmonte/ en la Feria de Sevilla[2], al momento la misma letra fue repetida a la Virgen del Rosario, pero ya dedicada a Joselito. Años antes, fue tal el éxito de Belmonte en la Maestranza que sus seguidores pidieron al párroco de Santa Ana unas andas con las que portar al trianero desde la plaza hasta su casa[3]. En otra ocasión, un puñado de vecinos irrumpió en San Jacinto con el firme propósito de ungir a Belmonte montado a caballo en una improvisada ceremonia, que los frailes lograron evitar a la fuerza[4]. Lejos de lo anecdótico, estas situaciones descubren el trato divinizado que recibieron y su repercusión directa incluso en la Semana Santa, celebración en la que ambos participaban de manera notoria.

Aunque Belmonte pertenecía a la Hermandad del Cachorro y acompañaba en la manigueta a la Virgen del Patrocinio, mantuvo durante toda su vida una relación de devoción y mecenazgo muy estrecha con la Hermandad de la Esperanza de Triana. Así lo revela el suceso acaecido en 1916, cuando después de la entrada precipitada de la cofradía por las inclemencias meteorológicas, un grupo de trianeros asaltó la iglesia de San Jacinto para apropiarse de los pasos y llevarlos hasta su casa[5]. En 1924, por ejemplo, participó junto a Ignacio Sánchez Mejías en unas becerradas a beneficio de la corporación trianera[6].

Los funerales de Joselito en 1920 son el mejor reflejo de la interiorización de la dualidad Gallito vs Belmonte en el sentimiento colectivo del pueblo y su expresión pública mediante el aparato religioso de la ciudad, especialmente de las cofradías. En aquella época, cuando los avances tecnológicos favorecieron el desarrollo de la prensa escrita, trece años significaba ya todo un abismo, por lo que el silencio que los periódicos guardaron ante el polémico luto de la Macarena por la tragedia de Talavera, se transformó en 1933 en una sonora atención hacia el nuevo vestido de la Virgen, que había sido confeccionado con los bordados del traje lucido por Joselito en su última tarde en las Ventas, una donación de la familia como exvoto póstumo. Los periódicos, en su mayoría nacionales, desatendieron las críticas y encomiaron a toda página la insólita y pintoresca idea, elogiando unánimemente a su artífice Victoria Caro, “la obrerita sevillana con dedos de prodigio[7]. El entusiasmo de los fieles ante el estreno de la saya durante la novena celebrada con motivo de la festividad de la Esperanza silenció definitivamente las reprobaciones, pues como refirió Chaves Nogales, “las lentejuelas y alamares de los trajes toreros satisfacen plenamente la aspiración sevillana de vestir a sus imágenes de manera rutilante y deslumbradora[8]. Así, se escuchó en una de las saetas cantadas en la Madrugada de 1934:

“¡Mírala por donde viene,

el rostro guapo y marchito!

¡Y en la túnica caireles

del traje de Joselito!”

Era evidente que la ocurrencia había calado hondo. Al otro lado del Guadalquivir, en 1938 la precariedad ocasionada por la Guerra Civil, que vivía su segundo año, obligó a que la Hermandad de la Esperanza de Triana retomase esta idea como un recurso económico para confeccionar con los bordados de un traje de Juan Belmonte una saya nueva para su titular, la dolorosa a la que Julia Cossío, esposa del diestro, dirigía sus oraciones durante las tardes de faena. El cometido fue confiado a Victoria Caro y a su diseñador Ignacio Gómez Millán, que replanteó la pieza completándola con otros bordados procedentes del traje de luces donado por el novillero Torerito de Triana, a quien Juan adoraba. El resultado fue apoteósico, pues la maestría de Gómez Millán había conseguido un diseño tan original como castizo, donde la disposición natural de los bordados ofrecían la sensación de haber sido creados ex profeso para el vestido y no aprovechados de prendas anteriores. Su particularidad más llamativa se halla en la parte inferior, la superposición de las hombreras simulando los volantes típicos del traje de sevillana, que un año antes ya habían sido incorporados por el artista en la famosa saya de la Macarena. Resulta ahora complicado adivinar con exactitud el traje de luces que fue destinado a tal efecto, puesto que a la escasa resolución de las fotos de entonces hay que sumarle la dificultad de que Belmonte luciese entre 1916 y 1920 diferentes vestidos y capotes de paseo que repetían los motivos ornamentales.

Durante tres décadas la Virgen de la Esperanza de Triana vistió la prenda en sus salidas y besamanos, constituyéndose así como una de las claves identificativas de la estética emblemática que imprimió a la dolorosa el recordado Fernando Morillo. Han pasado 85 años y en el mismo taller de entonces, su cuarta generación ha cumplido con el encargo tan especial de reescribir sobre el bastidor y a golpe de agujas y brocas la dorada historia de sus antecesores. La labor de Carla Elena, al frente del Taller de los Sucesores de Caro, ha sido brillante en cuanto a la ejecución material y al planteamiento intelectual previo a los trabajos, pues ante la imposibilidad de realizar un pasado y restaurar la obra original, el objetivo fue la recreación del diseño incorporando las calidades de las técnicas del bordado cofrade, que evidentemente están muy por encima de los bordados de los trajes toreros. De esta forma, la pieza actual muestra el sello del taller en el cuidado y variado muestrario de técnicas, entre las que destacan la minuciosidad del canutillo, la hojilla, la cartulina y la plasticidad que le aporta la aplicación de lentejuelas y borlas, estas últimas confeccionadas en Casa Rodríguez.

La Esperanza de Triana, vestida por Morillo, luciendo la saya de Belmonte.

Este estreno no sólo supone la ampliación del notable tesoro artístico de la hermandad. La visión de la dolorosa de la calle Pureza ataviada con la saya de Belmonte según la idea regionalista de Ignacio Gómez Millán va más allá de la reparación de una estampa perdida en el tiempo y aún anclada en la memoria, pues esta obra conlleva a su vez la recuperación del patrimonio etnológico de la ciudad, que hace casi un siglo vio colmada la necesidad de expresar la dualidad de sus sentimientos en cada uno de esos dorados alamares, lentejuelas, recamados y caireles que allá en Triana vuelve a lucir la Esperanza.


La nueva saya creada por el Taller de Sucesores de Caro en 2018 | Esperanza de Triana

La nueva Saya creada por el Taller de Sucesores de Caro en 2018 | Esperanza de Triana

BIBLIOGRAFÍA

[1] SALABERT, Miguel: “Los toros en la literatura contemporánea”, 1959, p.112.

[2] LEÓN CALZADO, José: “Tal día como hoy: cuando la Macarena vistió de luto”. Diario de Sevilla, 31/05/2016.

[3] CHAVES NOGALES, Manuel: “Juan Belmonte, matador de toros: su vida y hazañas”, 1935.

[4] Ibídem.

[5] El noticiero sevillano, 22/04/1916.

[6] La voz: diario gráfico de información, 16/05/1924, p. 22.

[7] Nuevo Mundo, 28/12/1933, p. 18.

[8] CHAVES NOGALES, Manuel: “Cuando la Virgen se viste de luto y cuando se viste de fiesta”. Ahora, 04/04/1935.

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Historiador de Arte dedicado a la investigación, difusión y conservación del Patrimonio.

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