El Sanedrín

Los ángeles tristes

Juan José Caravaca Silva @juanjc64

“No hay peor ciego que el que no quiere ver”. El refranero español está plagado de frases con las que el ingenio del pueblo da buena muestra de su sabiduría, y ésta es una de ellas. Viene a colación pues mi hermandad de la Vera+Cruz lleva desde hace unos siete años y aprovechando que la imagen del Santísimo Cristo se baja para su besapiés y posterior subida a su paso procesional, organizando un muy particular besapiés para que personas ciegas y sordo-ciegas puedan “ver” al Cristo con sus manos. Esta iniciativa supone, además, un reconocimiento a la historia reciente de la hermandad, pues tras la reorganización en 1942 pudo acceder a su actual sede gracias a la ONCE que en aquel tiempo estaba establecida con su hermandad de Santa Lucía en la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, compartiendo la misma, ambas corporaciones, por espacio de unos 26 años hasta que la Organización de Ciegos pasó a una nueva sede.

Decir la emoción que causa ver esta visita tan especial es algo que no tiene valor, no porque carezca de importancia esta iniciativa que tantos sentimientos mueve entre quienes tocan al Señor y quienes presenciamos la escena, sino porque es algo que afortunadamente ya se le da toda la difusión que merece. Por mi parte quisiera incidir en un aspecto que sí creo es muy importante, y es que, no me cabe la menor duda, que estas personas que “ven” al Cristo de la Vera+Cruz con las yemas de sus dedos perciben mucho más de lo que los videntes podemos llegar siquiera a imaginar.

En estas visitas, antes de tocar la imagen se les explica a los allí congregados la distribución y exorno del besapiés: “está el Cristo tendido, hay una cortina verde detrás, lleva un centro de flores moradas a sus pies, y a cada lado de la imagen hay un ángel con un farol”. Una de las asistentes preguntó a su acompañante

  • ¿Cómo son los ángeles?
  • Mira María, son como de un metro de altura, llevan un farol de plata con una vela encendida alumbrando al Cristo y su cara pues no es muy expresiva que digamos.

Ante esta afirmación de la expresividad en la cara de los ángeles María quiso tocarlos para comprobarlo personalmente. Al cabo de un tiempo palpándolos exclamo: “Si que son expresivos, lo que pasa es que están tristes…” Lo que los ojos no ven, lo vio María con sus dedos: la emoción de los ángeles. Están tristes porque están junto al Señor que está muerto. Ante esta afirmación el acompañante se acercó de inmediato a la cara de los ángeles y pudo comprobar como en sus ojos se insinuaban las lágrimas en sus parpados dispuestas a derramarse por su cara.

Aprendamos de María y aprendamos de todos y cada uno los que ponen el corazón en lo que hacen, porque no nos basta con abrir los ojos para ver, sino que hemos de abrir el alma para conocer el auténtico fondo de las cosas. Aquellos a quienes llevamos para que descubriesen al Señor, son en definitiva quienes nos hacen descubrir al verdadero Cristo, porque al ver con el corazón sienten también todo el dolor y todo el amor que desde la Vera+Cruz derrama por nosotros.

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