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Las Tres Caídas

Tweet Desde que tomamos consciencia de nuestra vida, comenzamos a coger las riendas de la misma y de este modo empiezan las alegrías, pero también las grandes decepciones y tristezas. Cuando otra persona tomaba por nosotros las decisiones importantes, siempre podíamos echarle la culpa a otro si no salía como esperábamos, aunque si todo iba bien nunca hemos sido capaces de agradecer nada.
A día de hoy somos lo suficientemente maduros como para resolver las controversias que se plantean en nuestro caminar. Pero, ¿hasta dónde estamos dispuestos a aguantar? Cierto es que cuando iniciamos el gran camino que nos depara la vida no parece fácil, nos rodeamos de personas que nos quieren y aprecian por muchos errores que cometamos. No obstante también hay muchas otras que sólo buscan nuestro mal, y aprovechan cada debilidad en nuestro andar para lastimarnos adquiriendo así su propio beneficio, y más que esto, su propia satisfacción personal al observar el daño ajeno que ha creado.
Ahora bien, cabe plantearse si ese daño que se hace es gratuito o busca algún fin. Es decir, ¿siempre el que busca hacer daño gana algo a cambio? ¿O simplemente lo hace para aumentar su ego? En el primero de los casos, a pesar de no estar justificado en ningún momento, quizás pudiere entenderse puesto que para algunos el fin no justifica los medios, y quieras que no adquiere un beneficio personal. Pero en el segundo de ellos qué gana, ¿realmente es necesario hacer daño a un tercero, hacerlo sentir mal, para que alguien se sienta bien consigo mismo? Es símbolo de una baja personalidad, y de una tan baja autoestima, tanto que es necesario rebajar a los demás a la misma condición.
A lo largo de nuestro caminar, y  acompañados de mejores y peores compañías, nos encontramos con tres grandes caídas que en muchas ocasiones se convierten en un pozo sin fondo. La primera de ellas, que quizás se presenta más temprano, es el tema de las amistades. Podemos tener la gran suerte de encontrar unos amigos que estén con nosotros desde un principio y que nos acompañen a lo largo de nuestro caminar, pero el hecho de estar desde el comienzo no implica ser más amigo que otro que a pesar de llegar después está con acompañándonos contra viento y marea. Existe el caso contrario, aquellas personas que pasan por nuestra vida y la marcan pero para mal, de tal forma que si permanecen pueden llegar incluso a arruinarnos nuestra propia existencia. Hacen que cavemos una tumba desde una edad muy temprana.
La segunda caída, es el amor. Hay amores sanos, que crecen y fructifican creando el ambiente más perfecto del que podamos rodearnos. Eso dicen, ¿no? Que si no tengo amor, no soy nada. Pero el amor no siempre es perfecto, hay veces en las que nos hace daño. La persona que elegimos que sea nuestro compañero de caminos no es el príncipe azul con el que siempre habíamos soñado (y hablo desde un punto de vista femenino porque soy mujer, quede claro que también se da el caso contrario), se convierte en nuestra peor pesadilla. Pasar tiempo con ellos es nuestro mayor temor, a pesar de que debería ser nuestra mayor alegría.
Por último, la tercera gran caída es la duda de la fe. Esta puede aparecer por varios motivos pero entre todos podemos recalcar dos que suelen ser los más comunes. El primero de ellos es por la pérdida de un ser querido; en estos casos hay quienes se aferran ciegamente a la fe para poder superarla pero otros deciden negarla por completo, según estos últimos, si Dios nos amara tanto no lo habría permitido, aunque debemos afirmar que se equivocan, puesto que la meta del cristiano es encontrarse con Dios al final de su vida. En el segundo caso, no se trata de una pérdida completa de la fe como sí podíamos ver en el anterior supuesto, sino que se trata de una duda, o más que una duda de un “escondite”. Cuando llegamos a un lugar en el que no conocemos a nadie, hay quien habla abiertamente de sus creencias o de la carencia de las mismas; sin embargo, existen otras personas que deciden llevarse por la multitud y deciden auto convencerse de que lo que los demás piensan es mejor que el pensamiento propio, negando así el suyo para complacer al prójimo.
Lo que queda claro de cada caída que podamos encontrar en el sendero, no sólo las tres más señaladas, sino cada una de ellas; es que debemos afrontarla con valentía y fortaleza. Pero lo más importante de todo, es que decidamos lo que decidamos sea una opción nuestra, no alguna que alguien se haya tomado la libertad de elegir por nosotros.
Carmen García de la Escosura Vázquez
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Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org