Sevilla

La primera imagen de la Virgen de Gracia y Esperanza

El objetivo del presente artículo es realizar un estudio de esta representación, que sería el primer testimonio visual de la imagen de la Virgen perdida en 1936, así como esclarecer un poco su historia.

En el año 1875, en la Parroquia de San Roque, tuvo lugar la reorganización de la hermandad del Santísimo Cristo de San Agustín y Nuestra Señora de Gracia. Los nuevos hermanos alentados por el párroco Joaquín Fernández Venegas, redactaron reglas que presentaron en el Arzobispado para su aprobación, de las cuales se conserva un ejemplar depositado en el archivo de Palacio. En el mismo libro de reglas aparecen dos grabados: uno que representa de un modo idealizado al Santo Crucifijo (por entonces advocado de la Sangre) y otro a la Virgen de Gracia.

La primitiva Virgen de Gracia del Convento de San Agustín

Originalmente, al Cristo de San Agustín se le veneró con la imagen de una Dolorosa a sus pies, llamada de Gracia y que era titular de la primera hermandad que se funda en 1527. La única fuente que nos aporta un testimonio visual de ésta es el grabado que los frailes dedican al conde de Chinchón. La Virgen aparece afligida a los pies del Crucificado, postrada de hinojos sobre un cojín, con las manos entrelazadas en actitud suplicante, siguiendo el modelo de la Virgen de la Antigua, Siete Dolores y Compasión que se popularizó en Sevilla en el siglo XVII y XVIII. Lleva en sus sienes una corona real y un puñal en el pecho. Bermejo nos informa que esta escultura desapareció durante la invasión francesa.

En el archivo de palacio aparece una documentación en la que se nos habla de una imagen mariana que tras este episodio acompañó al Santo Crucifijo: se trata del ‘’Inventario de los objetos de culto, vasos sagrados y ornamentos pertenecientes a la iglesia del extinguido convento de San Agustín’’, un expediente en el que se refleja el devenir de los objetos de este monasterio hasta su definitiva supresión. El 18 de Septiembre de 1836, se hace depositario al párroco de San Roque, Leonardo Rodríguez Murier de los bienes de la iglesia del convento que continuó abierta al culto como ayuda de la parroquia. Al describir el retablo del Cristo de San Agustín, se nos menciona ‘’ una imagen de dolores al pie de la cruz con corona de plata’’. Cuando en 1841 se cierra la esta iglesia, pasan la mayoría de sus bienes a San Roque y se elabora un nuevo inventario donde se nos informa cómo figuraba en el altar del Santo Crucifijo: ‘’al pie, la Virgen de los Dolores de medio cuerpo’’.  Esta pequeña descripción no coincide con el aspecto que vemos de la Dolorosa en el grabado del Conde de Chinchón, ya que probablemente fuese un busto que se dispondría tras la restauración del culto al Cristo en San Agustín para que no perdiese la iconografía del Stabat Mater que hasta el momento había tenido y que de ahí pasase tal cual a San Roque. El paradero de esta escultura es desconocido, ya que en la documentación posterior de la parroquia no hay mención ninguna a la misma, como tampoco la hace González de León al describir la capilla mayor, donde se veneró al Crucificado hasta 1851, cuando el Ayuntamiento le costea un retablo propio en la nave del Evangelio.

La Virgen de Gracia de San Roque

Av0PZz6CpxX83nyXntwJvjDt6nQ7juNrjyp3X3I-Wme2Sea como fuere, en 1875 el Santo Crucifijo carece de imagen mariana, y la hermandad, que se está reorganizando, necesita una Dolorosa que supla el lugar de la primitiva. Es por ello que toman como titular una que se encontraba en la parroquia y que según nos dice Pérez Porto, parece que proviene de la extinguida ermita de la Soledad, junto a la Cruz del campo. Sin embargo el profesor Roda Peña ha puesto en evidencia cómo esta información plantea serias dudas de su veracidad por la descripción que hace González de León en 1844 de la citada ermita. En la misma nos dice que la imagen de la Soledad era ‘’pequeña’’, con lo cual no parece muy posible que la Virgen de Gracia provenga de allí. Probablemente Pérez Porto hiciese esta afirmación porque todos los bienes de la misma pasaron a la parroquia de San Roque al suprimirse e interpretaría que esta Dolorosa llegó de allí. Tradicionalmente se ha venido atribuyendo su hechura a Blas Molner, lo cual se ha repetido hasta la actualidad debido sobre todo a la pérdida de la misma en 1936, lo que no ha despertado más interés en saber su autoría. Sin embargo, si analizamos las fotografías de la imagen, sus grafismos no coinciden en absoluto con los del citado escultor, y más bien, nos lleva a los modelos propios de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Últimamente, el profesor José Roda Peña la atribuyó a Juan de Astorga y ciertamente parece tener relación con otras dolorosas de este mismo círculo, como pueden ser la Virgen de los Dolores de San Juan de Aznalfarache (con la que guarda un tremendo parecido, tanto que parecen haber salido de la misma mano) o la Virgen de los Dolores de Benacazón, ambas obras de autor anónimo. Así mismo, guardaba también semejanzas con la Virgen del Buen Fin de la hermandad de la Lanzada, primera dolorosa que Juan de Astorga labra para la Semana Santa sevillana.

Anad9X-ndMgejTy3N3Jt2-qSf3NfQlYV4QVb9NI_yEwhDe esta imagen hasta ahora sólo conocíamos fotografías, sin embargo, tras haber realizado una serie de pesquisas en el Archivo del Palacio Arzobispal y consultar el libro de reglas de la hermandad del Cristo de San Agustín, hemos podido contemplar la primera representación gráfica que existe de la misma. Se trata de un grabado decimonónico que nos presenta a la imagen dolorosa sobre una peana de corte neoclásico. Viste a la usanza propia de esa época, es decir, manto caído, tocado cruzado y suelto con un corazón en el pecho traspasado por un puñal, saya plisada anudada con un fajín, un pañuelo en la mano derecha y corona. La posición de las manos dista mucho de cómo las vemos en la actualidad, ya que la del pañuelo aparece cerrada, alzada en actitud teatral de sostenerlo y acercárselo a la cara, mientras que la izquierda aparece baja, lo cual otorga a la imagen una sensación de mayor abatimiento. El fondo en el que se recorta la Virgen se trata de un cielo en el que las nubes se abren dejando paso al resplandor que emana de la Madre de Dios, flanqueada por dos parejas de querubines.

Este tipo de grabados se generalizan en Sevilla a principios del siglo XIX cuando en 1803, Manuel Albuerne realiza el de la Virgen del Valle sobre el dibujo preparatorio de Pedro Madroño. Posteriormente, Jose María Martin en 1844 sigue esta misma forma de representar a las dolorosas variando el fondo: mientras que en el Valle aparece su camarín, en el Mayor Dolor y Traspaso, la Virgen de Loreto y Nuestra Señora de Gracia observamos el ya dicho fondo celeste. Probablemente sea Martin el autor del documento que comentamos.

A pesar del evidente parecido en los casos que hemos mencionado, sí que hay una serie de notas que individualiza a cada imagen. En el caso de nuestra perdida titular, sus facciones son redondeadas, los ojos entornados, la cabeza levemente girada hacia su derecha, incluso la mano izquierda posee el dedo meñique más sobresaliente tal y como lo tenía la desaparecida Dolorosa, rasgo propio de las imágenes de Juan de Astorga.

En definitiva, podemos decir que nos encontramos ante un documento de gran importancia para la historia de la hermandad, puesto que es el único grabado por el momento existente de la Virgen de Gracia.

Jesús Romanov López-Alfonso
Profesor de Historia y Arte
Antonio Flores Holgado
Auxiliar de archivo de la hermandad de San Roque.

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