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La fuerza de la Fe

Creer sin ver. Anhelar lo que nunca se ha tenido. Soñar con lo imposible. Amar lo desconocido. Esto, y mucho más, es para muchos la Fe. Difícil de explicar, pues no hay explicación posible. Es lo bonito y mágico, saber que pase lo que pase, alguien te está protegiendo. Alguien, no sabes desde donde o como, pero no te deja que des un paso en falso. Te equivocarás, seguro, pero eso es en definitiva vivir, equivocarnos y aprender de ello. Agarrarnos los unos a los otros y avanzar juntos. Tomar de la mano lo desconocido y hacerlo tuyo.Cristo del Amor-Besapiés (6)

Fe. No lo puedo asociar con otra palabra que no sea Esperanza. Son sin duda dos de los pilares de la vida. Todos creemos en algo, sabemos que no estamos solos. Que alguien protege al mundo, aunque no lo creamos, todos sabemos que Dios está ahí. Que nos ampara y nos protege. No hace falta llegar al extremo de la máxima necesidad o angustia para acudir a Él, aunque muchos lo hacen, pues llegado al extremo en que nada queda, Dios siempre está. Nos agarramos a Él, como Cristo a la cruz. Nos tiende su mano. Nos perdona. Una y mil veces. No nos abandona en este camino de la vida, pues sabe que la recompensa en el cielo será eterna.

No pongan barreras, no limiten. Todos creemos, todos confiamos, todos sentimos la necesidad de tener a Dios cerca de nosotros. Aún sea en la madera o en la pintura. En un libro de reglas o en la ‘chicotá’ más eterna que jamás viviremos. Dios está en cada rincón. Nos espera mientras nos protege. Sabe que acudiremos a Él. Sabe de nuestra débil condición humana. Todos sabemos que en su presencia, están todos los que queremos, que somos felices por saber que viven la vida eterna y que con su mirada, nuestro caminar es más llevadero.

Cuando vean que alguien llora con solo una mirada, miren y observen, Dios está en esa mirada. En ese fugaz encuentro, breve e intenso, y que hará ver que la Fe y la Esperanza, no se pierden por más piedras que haya en el camino. En esa oración de amor que llega a lo hondo del corazón. En ese gesto de arrepentimiento, en ese gesto de besar sus llagas, o su dulce mano. Dios se hace presente entre nosotros. En cada dulce momento en presencia de Cristo, ahí está Dios. Esa mano en el corazón que al mismo tiempo eleva su mirada a Dios. Mirada que pide salud. Salud para poder estar junto a Él un poco más de tiempo, cree que su hora no ha llegado, quiere seguir en el cielo terrenal, junto a los suyos y los que más quiere. Por eso viene a verte a ti, de rodillas o en pie, en silla de ruedas o con un par de muletas. Nada le impide venir un año más a tus plantas y poder estar en presencia de Dios. Esos ratitos que dicen dar la vida. Hacer que todo vuelva a cobrar sentido, que la Esperanza no nos abandone jamás.

La fuerza de la Fe, esa que nos hace levantarnos una y otra vez, sin pensar en qué puede pasar o qué nos tendrá la vida deparados. Nos levantamos y solo pensamos en poder volver a repetir la misma escena un año más.

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