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“Hacía tiempo… Esperanza” por Juanma Pérez-Rendón

Hacía tiempo que no iba a verte. Hacía tiempo ya que no te hacía una visita. Y es que un solo minuto más sin estar a tu lado me rompía el alma y el corazón se me aceleraba prueba de este amor incalculable. Hacía tiempo que no me amparaba bajo la luz de tu mirada y que no veía esa sonrisa de la que tanto me gusta disfrutar y que ni el más amargo llanto es capaz de borrar. Pero yo nunca te olvido. Nunca te borro de mis pensamientos. Eres norte y guía en mi vida y base para todos mis sueños y anhelos.

Te escribo esto enamorado de tu perfección. A veces tan imperfecta y asimétrica que me cuesta saber cuándo lloras y cuándo ríes. Enamorado de tu mirada de Esperanza, me invade el deseo de estar contigo todos los días, mas sé, que aunque no te vea, me tienes presente y me cuidas. Enamorado de esa belleza infinita y envidiada por todas las estrellas del mismísimo universo te pienso cada día. Y es que te pido perdón. Perdón por no acudir a verte tanto como a mí me gustaría.

Te pido perdón, Madre, por todos los fallos cometidos. Te pido perdón por las veces que falto. Y te pido perdón, una vez más, porque hacía tiempo ya que no iba a verte. Y tú, llena de bondad, vas a salir en mi busca. Y yo en la tuya. Vas a salir en mi busca y en busca de todos aquellos que necesitan un poquito de ti. Un poquito de Esperanza. Recorrerás tu barrio y el corazón de Sevilla bendiciendo a cuantos se acerquen a ti tan enamorados, o más, que yo. Y es que eres tan buena que no sólo vas a salir a nuestro encuentro, a vernos, sino que además vas a bajar a estar con nosotros para que podamos besarte. Gracias, Madre, y felicidades por cierto, que casi se me olvidaba.

Felicidades porque se cumplen 50 años de tu coronación. Coronación como Reina de Sevilla y los Cielos. Coronación como Esperanza de los mortales. Y coronación como Madre de Dios. ¿Cómo no quieres que esté enamorado de ti? Si es que no soy capaz de borrarte de mi mente en ningún momento. Ojalá estuviera contigo todos los días de mi vida, para poder verte cada segundo de ella. Aunque en lo más profundo de mi ser, siempre vas a estar conmigo.

Te escribo esto, como un grandísimo enamorado de ti, que lo da todo por quererte, que lo deja todo por estar a tu lado, y que no quiere perderse un solo momento contigo en estos días tan especiales. Felicidades, Madre, y disfruta de esta semana mágica que se nos avecina. Haznos soñar cada día con tu belleza celestial y ayúdanos, en todo momento, a apaciguar nuestro llanto. Y perdóname, porque hacía tiempo que no iba a verte.

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