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Feliz no cumpleaños… por Juan J. Caravaca Silva

Creo que no me equivoco al afirmar que todos hemos oído a nuestras madres decir aquello de “mas sabe el diablo por viejo…” y como es lógico el niño que escucha dicha frase no alcanza a entender su significado hasta que las canas empiezan a poblar su cabeza. Cuestión parecida nos ocurre en los años escolares cuando los profesores de física nos bombardean con principios, reglas y leyes pero no somos capaces de aplicarlos a la vida diaria y ver por ejemplo a Gay-Lussac cuando, por el frío invernal, baja la presión de las ruedas del coche, o ver a Ohm cuando enchufamos una alargadera sin terminar de desenrollarla y ésta se calienta.

Cuestión parecida ocurre con los cuentos y libros infantiles a los que uno les empieza a sacar rendimiento cuando cuenta los años por varias decenas. Precisamente quisiera fijarme hoy en el sombrerero loco de Alicia, celebrando permanentemente el “no cumpleaños” en lugar de celebrar el cumpleaños, que solo es un día al año. Visto de niño, es una maravilla y superdivertido tener 364 días de fiesta y con regalos a tener uno solo, pero con los ojos de adulto el concepto me lleva más allá.

En nuestras hermandades y cofradías somos muy dados a centrarnos en el día de la estación penitencial: nos hacemos con un rico patrimonio material tanto en los pasos; bordados; orfebrería; exornos florales muy estudiados, a veces, incluso, de un año para otro; un cuidadísimo acompañamiento musical y, ni que decir tiene, de las multitudes que habitualmente acompañan el discurrir de la procesión. Frente a esto nos encontramos con los restantes días del año en que las sagradas imágenes no se nos presentan con la suntuosidad del día de la salida, a veces hasta sin flores que adornen sus altares y en muchas ocasiones nos aguardan en la soledad de las capillas y parroquias a que vayamos a visitarlas.

Decir que el tiempo vuela no es baladí y, por eso, quienes nos vamos haciendo mayores, para poder disfrutar en toda su intensidad nuestra Semana Santa, hemos de hacerlo viviendo la hermandad en su día a día, y así, frente a la apoteosis de la estación penitencial, disfrutar ese rato de íntimo diálogo con Jesús y María en la media luz del diario de una capilla; con esas convivencias en la casa de hermandad junto a los hermanos durante y después del trabajo realizado; conociendo y aprendiendo de cofrades de otras hermandades compartiendo nuestras experiencias y diferentes modos de hacer las cosas pero que en el fondo no es sino dar gloria a Dios a través del culto y la trasladar alegría a los demás a través de los hermanos, lo que en suma es evangelización.

Como el sombrerero loco celebremos todos los “no cumpleaños”, vivamos cada día, cada momento, cada alegría y cada pena en unión de nuestros hermanos, hagamos una fiesta del trabajo en la hermandad en común con todos, y así, cuando llegue el día del “cumpleaños”, habiendo dado lo mejor de nosotros compartiéndolo con los demás, habremos conseguido un auténtico y pleno sentimiento de hermandad que ya no distinguirá un sí y un no cumpleaños, sino que hará del año entero en una fiesta plena y sin igual.

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