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Enderezar los renglones

Juan José Caravaca Silva @juanjc64

  • Papá, quiero bautizarme.

David estudia primero de la ESO. Es un chico normal y corriente al que sus padres decidieron no bautizar cuando nació, pues no son personas religiosas y entienden que cada uno tiene la libertad de elegir el camino que quiera seguir en la vida.

  • Papá, quiero bautizarme.
  • David, ya tienes 13 años y eres lo suficientemente mayor para saber si estás seguro de lo que quieres hacer. Debes tener en cuenta que lo hagas ya es para toda tu vida.
  • Sí papá, quiero bautizarme y apuntarme a la cofradía del tito Antonio.
  • Pues entonces vamos a decírselo a tu tío…

Si algo hubo que llenó de alegría al tito Antonio fue el mensaje de su sobrino pidiendo el bautismo. Hombre de fe, heredada de su padre, y comprometido con su cofradía, no pudo menos que sentir una fuerte emoción, y es que además de seguir a Jesús quiere pertenecer a su hermandad. Presto se puso a preguntar entre su familia y amigos como se  ha de actuar en estos casos, y es que es muy importante ganar un alma para el Señor. Justo en el domingo que celebramos el milagro de Lázaro devuelto a la vida, Jesús nos regala un nuevo milagro regalando su gracia en esta familia, porque “no he venido a salvar a los justos, sino a los pecadores” y “habrá más gozo en el cielo por un alma nueva que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”.

No sé qué peso habrá tenido en la decisión de David el querer formar parte de la hermandad de su tío, pero aunque solo fuese por este motivo ¿le quita valor a su decisión? No, por supuesto que no. De hecho las hermandades tienen en parte su origen en la necesidad de sacar los misterios de la pasión del Señor a las calles para catequizar al pueblo que ni sabía leer ni escribir, ni tenía libros para hacerlo.

Porque para eso Jesús Nazareno mientras abraza la cruz mira hacia la izquierda, donde en el juicio final estaremos los pecadores, porque con uno solo que al mirar los ojos del Nazareno sienta necesidad de El ya habrá sido bueno su sacrificio. O esa mano siempre tendida del Señor de la Cruz al Hombro de la hermandad del Valle, preparada siempre para todo aquel que quiera aferrarse a ella y seguir a Jesús. Porque los brazos abiertos del Señor Despojado de sus vestiduras, de la Redención, del Soberano Poder, de la Oración en el Huerto o de todos los Crucificados, están para recibir y acoger a todos los quieran estar bajo su amparo. Porque el Gran Poder de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, está siempre ahí para perdonarnos protegernos y darnos la salud.

Si la sola contemplación de Jesús en cualquiera de las imágenes que lo representan hace querer seguirle, entonces las hermandades han cumplido con creces su función. En un tiempo donde impera la laicidad, El que todo lo puede siempre encuentra oportunidad para enderezar los renglones de la vida y escribir siempre derecho.

(La historia es real aunque los nombres de David y Antonio son inventados. Dedicado a todo aquel que haya sentido alguna vez la mirada de Jesús)

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