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En la Gloria de Triana por Beatriz Cobo

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Beatriz Cobo Rossell
El pasado sábado 15 de septiembre, festividad de la Virgen de los Dolores, tuve el privilegio de acompañar a mi Divina Pastora de Triana en su anual procesión por las calles del barrio alfarero de Sevilla.
Tal vez, para mucha gente, la procesión fuera una más de las que pueblan el calendario anual. Para mí, hermana de la Pastora desde hace un tiempo, supuso una explosión de devoción. Desde el primer día que me agarré a la reja de una de las capillas del trascoro de la Parroquia de la Señora Santa Ana sentí que Ella iba a estar conmigo siempre. El sábado me tocaba devolverle la compañía por las calles de su Triana.

Llegué cuando la procesión había empezado. Algunos Hermanos pastoreños me contaron que el paso por la calle Alfarería había sido maravilloso, inolvidable para muchos, especial para todos. A la altura de Pagés del Corro descubrí la cruz parroquial escoltada por una de las personas más entrañables que conozco y su hermana. Tras ellas, pequeños pastoreños con sus cirios y representantes de algunas hermandades de Triana. Detrás, Ella, nuestra Pastora. Decenas de flores adornaban el paso y prácticamente cubrían las patas de los borreguitos. Aprecié que alguna petalada le habían lanzado.

Su belleza me cautivó. La serenidad de su mirada gozaba de un brillo que hasta ese momento nunca  había advertido en sus ojos. Parecía que la Señora estaba feliz al pasear por su barrio y ver a sus fieles junto a Ella. Las campanitas de su granado ponían sonido a la sempiterna sonrisa que un día dibujó Astorga. Ella es Pastora y a todos nos manda.


Al entrar en la calle San Jacinto, una representación de la Hermandad de la Estrella estaba esperando a la Virgen. El paso entró en la capilla y le cantaron sevillanas. Para mí fue un momento emotivo pues nunca había contemplado una estampa igual. La misma se repitió en la Capilla de los Marineros y con igual emoción lo viví.
Entre ambos momentos, fueron dos las petaladas que le llovieron a la Pastora. La primera en la calle Rodrigo de Triana a los sones de la Salve a la Pastora de Triana, la segunda, en la exornada calle Flota, donde entró con la sublime marcha “Margot”, siendo éste el momento más elegante de la  noche. Tras ello, sevillanas y vivas a la Virgen se sucedían en el tiempo. Pasó por Rocío y más sevillanas. Y en la calle Pureza, la Esperanza la esperaba. Ella le dijo “hasta pronto, vecina” con las cornetas de  Esperanza de Triana Coronada. La antigua calle Torrijos abrió sus puertas para señalar que el fin del sueño pastoreño estaba a punto de terminar. Una última petalada. La Pastora regresaba a su casa entre las emociones de sus devotos y alguna lágrima discreta. Traca final. Se cierran las puertas de la casa de los trianeros.

La Divina Pastora y su Pastorcito estuvieron arropados durante todo el camino por muchas personas que sintieron la necesidad de estar a su lado. Sevillanas en las calles, vítores y alegría contagiada imperaron en Triana esa noche. El buen hacer de una Junta de Gobierno se vio plasmado en la perfección del momento. A la Pastora no le faltaba nada. A nosotros Ella nos lo dio todo.

Y termino con la letra que me recordó un buen pastoreño: “Cómo recuerdo la primera vez que entré en Santa Ana, cómo recuerdo lo que yo sentí cuando la vi…”

Fotografías. Luis Manuel Jiménez

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Escrito por Nacho Sánchez

Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org

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