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El Tiempo sin el Tiempo: “Ella” por @jamonterof

José Antonio Montero

MacarenaSencillamente un mes de mayo, en el tiempo inolvidable. Sencillamente ríos de gente, fe desbordada que se agolpaba a sus plantas, colas interminables, bullas infinitas. Ella, siempre Ella. En cada poro de la ciudad, siempre abanicando el aura de sus devotos, siempre riendo y llorando, siempre esperando con los brazos abiertos. No podría hacer un resumen del año, no podría esquematizar los días que el calendario y el tiempo han matado, no podría más que fijar su cara en la oscuridad que encierran mis ojos. Ella, siempre Ella.

Ella es Dios, Dios es Ella. Dios Madre la llamó Joaquín Caro Romero, en otra de sus infinitas lecciones literarias y teológicas. La Macarena encierra consigo todo lo que Dios representa, todo lo que guarda en sus adentros el verdadero sentido de la fe. Y eso Sevilla lo entiende a la perfección. Más que entenderlo, lo siente. Lo siente y, además, de irremediable forma. Porque esta ciudad, con sus virtudes y sus defectos, tiene algo que no tiene ninguna otra. Tiene muchas cosas que no tienen otras, pero ésta concretamente me fascina.

No es normal lo que Sevilla siente por su Esperanza, no es normal. No es normal que se guarden cuatro, cinco o seis horas de cola para besar su mano; no es normal que se haga de una salida extraordinaria el acto público de fe más numeroso de nuestros casi veinticinco siglos de historia. No es normal todo lo que se vivió esa semana, no es ni será nunca normal. Pero la ciudad tiene esa capacidad para hacerlo lógico, la ciudad transforma toda esta locura en algo completamente racional.

No sé si la ciudad se envuelve en Ella o Ella se envuelve en la ciudad. No sé exactamente cómo y cuándo empezó a latir así por Ella, y cuando hizo su atmósfera al gusto que marcara Ella, y cuando rompió los cánones de la fe para establecerlos como mejor le vinieran a Ella, y cuando cambió su forma de ver el mundo para verla solo a Ella. Ella, Ella, Ella… Ella y siempre Ella.

Dos mil catorce pasará a la historia por muchas cosas, por muchas personas, por muchos actos importantes que han tenido lugar, tanto en España como en el mundo. Pero en Sevilla, ya para siempre, dos mil catorce será sinónimo de Esperanza, de gente, de fe, de Dios, de alegría. Dos mil catorce en Sevilla será para siempre sinónimo de Ella. Será el ejemplo del futuro, la nostalgia del pasado y la temeridad del presente. Y Ella siempre como protagonista.

Gracias, gracias, gracias… Mil horas pasaría dándole gracias por el regalo que le dio para siempre a la historia de mi ciudad, mil años pasaría soñando con lo que esos días vivimos todos. “Sevilla no se ha visto en otra igual en su vida”, decían amigos cuando vieron lo que estaba pasando. Por eso, sin que nadie me dé el permiso, sin que nadie me haga abanderado de Sevilla y sin que nadie considere que yo deba decir estas palabras, yo solo puedo decir gracias. De parte mía, de Sevilla y del mundo entero. Gracias. Gracias por hacer que los sevillanos nos sintamos los seres más afortunados del mundo, gracias por tanto amor, gracias por tanto bien regalado, gracias por tanta fe derramada en el verde del parque.

Gracias por hacer del mundo un lugar digno, gracias por encontrarnos sin esperar que te busquemos, gracias por protegernos siempre, por hacer de tu nombre unas ganas, una fuerza, una luz a la que agarrarse siempre. Gracias por este dos mil catorce, gracias por el pasado, el presente y el futuro. Gracias por existir, gracias Esperanza.

 

Sencillamente dos mil catorce.

Sencillamente Suspiros de España.

Sencillamente la ciudad.

Sencillamente la fe.

Sencillamente Ella.

 

Ella, Ella, Ella, Ella, Ella, Ella.

Siempre Ella, siempre Ella.

José Antonio Montero Fernández.

A Sevilla.

A Rasero.

A mí mismo.

A todos vosotros.

A Ella, siempre a Ella.

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