- La Crónica

El Verde me Guió a Ella por Pepe Vallecillo @vivirsevilla

Camino de la MurallaEra el ansiado día en que podríamos hallarnos de nuevo más cerca de ella que nunca. Bien temprano nos dispusimos a iniciar el camino que nos conduciría a visitarla con el alma henchida de ese gozo especial que solo su contemplación provoca en muchos corazones de sus hijos.

            El día había amanecido gris, pero no llovía ni hacía frío, por lo que decidimos ir caminando. La mañana se nos ofrecía como una de esas de cielos plomizos de primavera que suelen amenazar con lluvia, tan habituales en Sevilla durante su Semana Mayor y que pueden entristecer tantas ilusiones atesoradas durante todo el año.

            Absortos en estos pensamientos cofrades-meteorológicos, desembocamos por una de sus bocacalles en las Ronda que conduce a la Basílica y fue entonces cuando ocurrió.

            Una de esas visiones con que la ciudad nos obsequia de vez en cuando a quienes la miramos con ojos de enamorado vino una vez más a sorprendernos. Sobre el gris otoñal, un único color destacaba en el paisaje urbano. Apenas había coches que tiñesen de cromatismo la estampa. Tampoco deambulaban por las aceras muchas personas que con sus vestimentas contrastaran con el gris imperante. Como decimos, un único color se imponía sobre la opacidad del día. Y ese, un quince de diciembre, el primer día en que Ella había bajado para hacernos a todos rozar el Cielo, no podía ser otro que el color verde.

FOTO NÚM. 3

 Verdes eran las zonas acotadas en la calzada para el tránsito de las bicicletas. Más verdes que nunca se mostraban las hojas de los árboles humedecidas por la lluvia. Un verdor oscuro con sabor añejo que nos recordaba “verdinas” de plazas y rincones de la infancia acariciaba las almenas de la Muralla. Y al pie de esta un césped de un verde intenso, brillante, acogedor y macareno nos conducía hasta el mismo Arco, que ofrecía un toque dorado a la atmósfera de plata que cada vez con más intensidad respiraban nuestras almas.

            FOTO NÚM. 4Al traspasar el Arco, con las puertas de su Casa abiertas de par en par, acaeció de nuevo. La escena, no por repetida, dejó de sorprendernos, maravillarnos y hacernos tomar conciencia de los latidos de nuestros corazones. Un año más en las vísperas del día de la Festividad de la Expectación, dedicado a la advocación de Nuestra Señora de la Esperanza, no éramos sus hijos quienes esperábamos que Ella, majestuosa, atravesara el atrio de la Basílica. Era Ella, la Madre de Dios, quien, como siempre en estas fechas, nos  esperaba –con el color verde fundido en nuestros cinco sentidos en una sinestesia mágica-, irradiándonos, también como siempre, su Esperanza y llenando de gozo nuestros corazones macarenos.

Redacta Pepe Vallecillo

 

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Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org