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El Camino que nos queda

 Cuando leáis este artículo, ya habrá pasado todo. O quizás no haya pasado nada. Se habrá marchado el adviento, envuelto en un ambiente de regalo navideño. Puede que siga con nosotros ese propósito de fin de año, ése que siempre habla de mejorar el mundo con nuestras acciones personales. A lo mejor, lo hemos olvidado y caemos una y otra vez, en la rutina que devora día a día nuestras energías e ilusiones.
         Parece que es mentira, que no existe y que no se ve, pero el camino que acabamos de empezar a recorrer nos lleva a un Martes Santo nuevo, efímero en el tiempo y tan emotivo, que no podríamos recordar ahora mismo la estación de penitencia sin un suspiro que entremezcla las ganas con la tristeza por las lágrimas de lluvia que impidieron recorrer las calles de Sevilla el año pasado.
         La historia que os voy a contar, sucederá con todos vosotros, hasta conmigo, pues al vestir de morado terciopelo todas nuestras cabezas, evocaremos una realidad que solamente asumimos ese día y a una hora concreta. El camino del que os hablo, se tiñe siempre de buenas sensaciones, no nos falta nunca una sonrisa y la predisposición de hacer las cosas bien hechas.
         Este año quiero que sea diferente. Pondremos lo mejor de nosotros mismos al servicio de los demás. No temáis, cuando Sevilla os encuentre mirándoos en los ojos, no tembléis. Vais a ver un escenario nuevo, una gente que no es la misma que otros años, faltarán algunos que esperaban impacientes la salida, otros estarán llenos de pena, de congoja y de nerviosismo por las circunstancias actuales. Podréis contemplar la agonía de los establecimientos, la humildad del que sale sin nada a disfrutar de las cofradías…pero siempre detrás de esos personajes momentáneos, estará Dios.
         No sabemos qué pasará. Al leer este artículo, podrás decirnos imaginariamente que no entiendes porqué te hablo de esto y que no compartes la manera de ver las cosas, pero nos están pidiendo arrimar el hombro y como hermanos de San Benito, no quiero pediros nada más que vuestra colaboración, ya no solamente ese día, sino en el día a día de esas personas que ahora mismo lo están pasando mal y su único remedio, es rezar ante nuestros titulares. Vuestros guantes repartiendo caramelos y estampas, vuestras manos acariciando el alma de esos niños que con la ilusión primeriza, hacen de una bola, un reloj de arena inmortal, perenne en el tiempo; vuestra voz confortando a los ancianos de las hermanitas, testigos mudos de la salida de Cristo y su madre, encarnados en la gracia de nuestro señor. Todo eso, será un Martes Santo. Diferente pero cierto. ¡Estad atentos, vigilantes!. La senda de la que os hablo se abre ante vosotros como un vehículo de amor y caridad hacia los que no tienen nada. 
Podemos vivir a Dios a través de las pequeñas cosas y los pequeños detalles, no perdáis la oportunidad de llevar el nombre de nuestra hermandad, con las acciones diarias e irrelevantes, ésas son las que nos confieren el carácter de buenas personas, ésas realmente, son las que nos ayudarán a recorrer el camino que nos queda hacia el Martes Santo.
Extraído del Boletín de la Hermandad de San Benito de 2012, con el permiso de Álvaro Carmona

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Escrito por Nacho Sánchez

Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org

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