El Sanedrín

“El camino”, por @altocapirote

La antigua senda que unía el Condado de Niebla con Sanlúcar de Barrameda, Guzmán y Medina Sidonia, y transitada por cazadores, pastores, arrieros, guardas de la costa y salineros tenía un sitio para el descanso a tres leguas de Almonte. Una pequeña ermita junto a la laguna, que albergaba una imagen de la Virgen que llevaba por título Santa María de las Rocinas. Una devoción antigua, en un sitio agreste, como bien describe Alfonso XI en su Libro de la Montería:

“En tierras de Niebla, hay una tierra que dicen de las Rocinas, et es llana, et es toda de sotos, et hay siempre puercos…, hay muchas humedades, en invierno es lluvioso; et en verano non es de correr porque es muy seca, hay una ermita de Sancta María de las Rocinas…”

No resulta fácil imaginar lo que sería el camino hasta la ermita del Rocío ya en el siglo XVII cuando la Virgen fue proclamada Patrona de Almonte y comienzan a fundarse las primeras hermandades filiales. Jornadas familiares, con llegada el domingo para una presentación conjunta. Rutas duras, con pocas comodidades.

Yo, que acabo de seguir por Periscope la entrada de una hermandad, leído decenas de tuits, y visto cientos de fotos de la romería, estaba tentado de pensar que todo ha cambiado. Seguimiento por satélite, UVI móvil, fotos geolocalizadas, helicóptero destacado y toda una planificación para capear el temporal y que los romeros lleguen al Rocío. 

Todo ha cambiado, pero el camino es el mismo. El camino interior. 

Buscamos un centro sobre el que poder equilibrarnos, un punto de apoyo para un examen de conciencia. Un checkpoint vital en medio del ruido. Este ejercicio de visualización comienza con un camino revelador, que materializa ese viaje en nuestros propios pasos por la arena. Andamos, revivimos, comprendemos, perdonamos. Un camino de purificación a través de un paisaje mágico para entrar en contacto con lo divino a través de la alegría. Un viaje para cantar y rezar, para adorar y reír, para bailar y beber, para llorar y soñar. Un camino de luz.

“Hoy me quiero emborrachar

sin beber vino,

solo me voy a empinar

senda y camino.

Rebosará mi copa con alegría

y quedará en mi boca tu romería.

Mi borrachera 

será decir Rocío,

siempre a tu vera”

Desde los cuatro puntos cardinales, Almonte al norte, Moguer al oeste, Sevilla al este y Cádiz al sur, han llegado peregrinos hollando las mismas veredas desde hace siglos. Tal y como hace cuatrocientos años estaba un cazador, sentado esperando a continuar su camino, hoy estás tú, con tu móvil en la mano. Los dos habéis tenido caminos distintos pero el mismo gozo y la misma recompensa: Sus Ojos.

Nada ha cambiado.

AnteriorSiguiente
Community manager y fotógrafo profesional