- El Siglo de Oro Sevillano

El Barroco en la Sevilla del siglo XVII

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Antes de comenzar a estudiar, con mucha menos profundidad de la que se merece, la escuela escultórica sevillana en el Barroco, debemos apuntar  unos  conocimientos previos que nos expongan del por qué se llega a este panorama artístico.
Obviamente, si algo determinó los parámetros estéticos, dentro de los movimientos artísticos en la Sevilla del siglo XVII, fue la religión católica, consecuencia de la decadencia de la nobleza, lo que llevó a promover un mecenazgo por parte de monasterios, parroquias y cofradías de clérigos y seglares,  siendo algunas de éstas obras costeadas a través de la suscripción popular.
Hay que entender este tipo de representaciones como un medio propagandístico de la doctrina contrarreformista sobre una población cuyo nivel de analfabetismo era altísimo, siendo  depositada la mayor parte de la cultura en manos del clero. Es por ello, que el resultado sea un arte con un mensaje claramente realista que pudiera llegar de manera directa a los fieles y tuviera un gran efecto evangelizador. Es cierto que existe alguna temática mitológica pero se reduce tan solo al ambiente cortesano.
Como consecuencia de esto, las expresiones artísticas que se van desarrollando a lo largo del siglo XVII, encabeza con un naturalismo cristiano caracterizado por el culto a la belleza corporal sin olvidar las huellas de la pasión, ofreciendo versiones en las que triunfen los puros cánones de belleza, con armonía de proporciones y con predominante preocupación por lo estético pero que acaba en una expresividad desarrollada a través de los movimientos y variedad de gestos, usando los claro-oscuros procedentes de  Italia con los pliegues, cayendo si cabe en el pictoricismo de la más pura influencia de Caravaggio, definidor del tenebrismo.
El tipo de obra que se realiza es aquella que paulatinamente se ha ido librando de elementos arquitectónicos que se desarrollaban en los retablos. A pesar de que la producción de éstos sigue siendo intensa, debemos destacar la imagen procesional exenta, ya sea en solitario o formando un grupo de marcado carácter narrativo que da lugar a los denominados pasos, realizados con una eclosión expresiva exponiendo ese lenguaje propagandístico evangelizador, asimilando que estos conjuntos procesionales serán observados desde múltiples puntos de  vistas y siempre cambiantes.

El material usado siempre fuer la madera debido, por un lado, a la escasez de medios económicos junto con una fuerte presencia de tradición hispana, así como la ligereza de las imágenes para poder ser portadas. Se usan las técnicas de la policromía, es decir, la aplicación de pigmentos  sobre la madera, y la del estofado, de tradición gótica pero asimilada ahora en el siglo XVII, consistente en la aplicación de pan de oro (también es común el uso de plata o cobre) aplicando posteriormente policromía y se finaliza con la técnica del raspado usando el diseño deseado, dejando al descubierto el metal empleado en un principio. Esta técnica se usa básicamente para marcar los ropajes de las imágenes. Las imágenes se complementan con postizos, lágrimas de cera, ojos de cristal y uñas y dientes de asta de toro.
Por otro lado, debemos destacar la formación humanística de los artistas sin la cual, no se podría entender los mensajes conceptuales reflejados en la obra. Obviamente, además de su preparación artística con sus complementos artesanales, no se puede pasar por alto que los imagineros estaban preparados en un mayor o menor grado para el proceso creativo así como para la expresión y evangelización. Además, es frecuente la asistencia a tertulias, reuniones literarias, academias así como la posesión de una gran biblioteca donde se consultaban dibujos, xilografías, grabados que luego eran fundamentales en diversos matices artísticos. La cultura humanista de los artistas se comprueba directamente a través de las bibliotecas que poseían, manejadas y vividas, como acreditan sus obras.
Juan Martínez Montañés, Juan de Mesa, Pedro Duque Cornejo, Pedro Roldán, Luisa Roldán “La Roldana”, Francisco Antonio Ruíz Gijón, Felipe y Dionisio de Ribas, forman parte de una gloriosa y verdadera escuela que marcó la historia del arte español, quienes, como eslabones se enlazan entre sí, constituyeron una cadena de colaboración laboral. Es interesante este matiz porque con anterioridad, los escultores trabajaban de forma aislada.
Con ello, pretendemos acercar un poco más el significado de la Semana Santa de Sevilla desde el punto de vista artístico pero siempre vinculado a los ideales y a la forma de vivir de la ciudad del Guadalquivir a través de estos humildes artículos.
Marco Antonio Pérez Pérez

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Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org