Sevilla

El acierto de Pasión por Jesús Romanov

El próximo Jueves Santo, el Señor de Pasión lucirá de nuevo la túnica bordada en oro por Manuel Ariza en 1845 tras bastantes años en los que ha ido de liso.

pasion bordadoEste hecho en Sevilla, donde la Semana Santa tiene una gran importancia al ser la fiesta de la Ciudad, despierta opiniones de todo tipo, desde las que están radicalmente en contra hablando de una “pobreza de Cristo” que tienen que representar las imágenes o de una malentendida “austeridad”, a los que nos felicitamos por la necesidad de mostrar a nuestros Cristos y Vírgenes en todo su esplendor y con el mensaje catequético que conllevan.

El Cristo de Pasión se trata de una escultura barroca, realizada por Juan Martínez Montañés en 1615 y hasta el siglo XX llegó con una iconografía propia de esa época, es decir: Un Nazareno (Cristo portando la cruz camino del Calvario) que se viste con túnicas bordadas y que se toca la cabeza con potencias.

Bien, llegados a este punto habría que aclarar por enésima vez por qué las imágenes de Cristo llevan y deben llevar estos atributos:

En primer lugar, habría que partir de la base de que las representaciones de la Semana Santa española, no son una reconstrucción arqueológica de la pasión de Cristo, ni de la Jerusalén del siglo I, sino que son un legado de fe y devoción que el pueblo cristiano va tejiendo a través de los siglos. Es decir, el hecho de que nuestras imágenes porten unas determinadas prendas, se debe a la necesidad de comunicar unos mensajes referentes a Jesús, a su persona, a su doble naturaleza divina y humana y a su carácter de Redentor, Sacerdote  y Rey.

¿Cómo se plasma todo este mensaje teológico en las imágenes procesionales?

Uno de los elementos principales son las potencias que portan en su cabeza que simbolizan los atributos que posee Jesús por ser Dios verdadero (Omnipresencia, omnipotencia y omnisciencia), y otro sin duda son las túnicas bordadas.

¿Qué idea nos transmiten las mismas?

El profeta Daniel nos dice:  “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí en las nubes del cielo venía uno como el Hijo del Hombre, que vino hasta el Anciano de Días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, y gloria y reino; y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían; su dominio es un dominio eterno que no terminará, y su reino no será destruido.” (Daniel 7 vers 13-14)

Es decir, el Salvador es un Rey, y como vemos, ya desde el Antiguo Testamento se nos da la idea del Mesías como tal, y así es como lo ven los profetas y lo transmitirán al pueblo de Israel, como queda plasmado en el Salmo 92:

El Señor reina, vestido de majestad,

 el Señor, vestido y ceñido de poder:

 así está firme el orbe y no vacila.

Tu trono está firme desde siempre,

 y tú eres eterno.”

Esta misma idea de Cristo como Monarca la vemos en los propios evangelios, en concreto en Mateo 25 cuando habla del juicio de las naciones, Jesús habla así de sí mismo, diciendo “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mt 25 34).

Y así es como el propio Cristo de proclama ante Pilato cuando le responde a la pregunta si es rey: “Si, como dices soy Rey” (Juan 18 37).

Del mismo modo, en el libro del Apocalipsis de San Juan, el apóstol proclama a Cristo como Rey de Reyes:

 “Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén” (Ap 1, 4-5).

“ Entonces vi el cielo abierto y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS.

Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Ap 19, 11-16)

¿Cómo se representa este Rey? En la propia Biblia siempre se nos habla del Mesías que triunfa sobre el pecado y la muerte, y que con su sacrificio regenera y salva al hombre, y que su aspecto es resplandeciente. Así nos lo dice el propio Jesús como vemos en Lucas 17,24 :

“Porque como el relámpago, que resplandeciendo, alumbra de un extremo al otro bajo del cielo, así también será el Hijo del Hombre en su día.

En esta idea incide el libro del Apocalipsis en varias ocasiones:

“ (…)y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.

Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.

Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.(Ap 1, 13-16)

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”(Ap, 22, 16)

 

¿Cómo se representa de modo plástico esta idea? Pues en las imágenes de vestir, precisamente se hace gracias a las túnicas bordadas, que desde su origen hasta la actualidad tienen la función de representarnos  Jesús como Rey victorioso, fuerte, que con su pasión y muerte está redimiendo a cada uno de nosotros.

Estas túnicas, tan denostadas por algunos grupos, que han impuesto su criterio a la generalidad del mundo de la Semana Santa, no son otra cosa que una alegoría de este aspecto resplandeciente de Cristo triunfante (lo cual no es contradictorio con la figura de Cristo sufriente) y cuando las dejamos sin uso en favor de lo liso, no hacemos otra cosa que empobrecer el mensaje que las imágenes sagradas deben transmitir, así como de eliminar el atributo de la realeza de Cristo, que como hemos visto, ya hablaban los Profetas de ello.

Jesús debe ser representado siempre como tal, sobre todo cuando hablamos de las imágenes antiguas, que nos han llegado con una iconografía determinada, y que creo que estamos en la obligación de respetar y conservar. Nos quejamos muchas veces de como en tiempos pasados se mutilaban imágenes de talla para ser vestidas, sin embargo en los tiempos actuales hacemos lo mismo con las imágenes que nos han llegado del pasado cuando las despojamos de sus visión tradicional, que como vemos, tienen un sentido.

Que no se nos olvide que si hoy impera esta moda del liso es por la imitación de Jesús del Gran Poder, que en la Madrugada de 1905 sale por primera vez así a realizar su estación de penitencia y que curiosamente, levantó una fortísima polémica y quejas por parte de muchos sevillanos (y con razón) imponiéndose finalmente la estética que vemos en la actualidad y que el resto copió poco a poco por toda la ciudad, contribuyendo así al empobrecimiento y la uniformidad de nuestra Semana Santa

El argumento de la “pobreza de Cristo” o de la “austeridad”, es algo propio del siglo XX, concretamente de los primeros años de la dictadura del general Franco, cuando con el nacional catolicismo se impone en muchos lugares, una religiosidad basada en el oscurantismo, a la que se añade la falta de dinero, con lo cual dan lugar a una forma de presentar  las procesiones ciertamente lúgubre, basada en tejidos lisos, pasos sin talla ni dorado, y ausencia de elementos de orfebrería (coronas en las imágenes de la Virgen, potencias en las de Cristo), como también de la música, haciendo ver que el resto lleva elementos superfluos que distraen del drama de la pasión. Lo que no deja de parecerme curioso, es que en muchos casos, esta estética está promovida por los sectores más adinerados, que se quitan el rólex por un rato para sentirse pobres y así dar ejemplo de pertenecer a “una hermandad seria y sin folclore”, cuando esto no es más que lo que se llama hoy “folclore negro”.

Lo más triste de todo, es el argumento del “es que a mí me gusta así”, que relativiza todo lo relacionado a nuestra Semana Santa, olvidando que estamos ante obras de arte cristiano, con una función que no es otra que la de transmitir mensajes de la fe católica. Los gustos personales es mejor dejarlos para vestirse uno mismo, no a las imágenes.

Las túnicas bordadas no son un alarde de lujo o vana y superflua hermosura, son una alegoría de la realeza y la victoria de Cristo. No destruyamos nuestro legado que nos cedieron los cristianos del pasado, tan rico es símbolos que debemos conocer.

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