- La Opinión del Cofrade

Desde mi trabajadera

Tú así lo quisiste, y eso es lo que en el fondo importa. Tú escuchaste las plegarias de tus hijos, y aunque en tu advocación rindamos culto al agua supiste sopesar lo que había sido una Cuaresma muy intensa. Y es que quién sino Tú tiene potestad para echar por tierra un trabajo que nos ha robado tiempo, salud, familia… Pero ay, bendito trabajo…
Ya sólo nos queda resignarnos a una realidad, una oscura verdad pintada de espera impaciente, que satisface nuestros requerimientos con regustos añejos de incienso olvidado y madera recién labrada y dorada. Cuántas hojas deben caer hasta volver a verte alzado en tu madero; cuántos silencios en la noche castigarán mis afligidos recuerdos, sabedores de lo mucho que deseo volver a alzarte sobre mi cuello; cuántos llantos y sonrisas se harán eco en mi memoria hasta volver a escuchar la voz templada de Salvador llamando al cielo a sus 36 valientes en la hermosa noche que retranqueamos a tu Madre…

Tú así lo quisiste, y bendita la hora en que salimos, que dos años esperándote serían otro calvario para este corazón que palpita con el ritmo del crujir de tus trabajaderas.
Todo se hizo gloria en un instante. El sueño tranquilo de los 40 días llegó a su despertar, y no podía haber
otra forma de abrir los ojos. Cómo cambia el mundo desde abajo… La gubia había tallado la mejor ventana desde la que asomarse al Arenal en la tarde del Lunes Santo. Rayos de sol perfumados con albero mojado se colaban entre los recovecos del respiradero, y el nerviosismo, esa dulce alarma que te recuerda que estás vivo y que eres hombre de emociones a gran escala, se hizo presente bajo los costales.

Ese es el momento en el que uno se acuerda de la abuela a la que operarán cuando pase la Semana Santa, de los padres que esperan orgullosos a su hijo en el relevo de Castelar, de la novia que reserva un bocadillo en la calle Rioja, del amigo que se quedó sin salir el año anterior y que este año puede compartir el gozo en la corriente de la cuarta, o de ese otro amigo que lleva dos años intentando entrar en la cuadrilla, y por razones desmerecidas de lógica aún no lo ha conseguido. Uno se acuerda de ese mismo día pero hace 11 años, cuando el azar negro que sale de la mano del diablo se llevó de nuestra tierra a un hermano costalero, que dejó su aliento, su amor y su esfuerzo a los pies de nuestro Cristo.

También se acuerda uno del cortejo que lleva delante y detrás, alumbrando la senda tortuosa de nuestro episodio de la pasión, y en especial de un grupo de personas partícipes de esta locura colectiva. Pero qué locura hay más sana que la que entra y queda por amor. Cuando la plata aún no ha borrado la suciedad de nuestras manos, cuando todavía no han cicatrizado las heridas que nos hicimos al colocar las coronillas, cuando los dedos aún se resienten del día que subimos el palio o del que pelamos toda la candelería… cuando el paladar no ha acabado de degustar el tiempo de la ceniza, el telón del acto final comienza a elevarse ante nosotros.
Sé que Paula, Reyes y Elena guardan su satisfacción bajo el atuendo del nazareno; sé que Nacho, Soro, Amaro y Luis lucen las galas del cuerpo de acólito, disfrutando de la cercanía de nuestras imágenes; Fernando irá repartiendo baberos al paso de nuestra niña por las calles de Sevilla, y Álvaro desistirá de la idea de apartar la mirada del imponente misterio que este año sacamos a la calle; Jesús ha elegido este año la penitencia de tela y cruz, y Paco… Paco lleva su propia penitencia por dentro.

Cuántas personas caben en un momento, y cuántos momentos harían falta para meter a tantas personas.

Y sonó. Sonó arrebatando el tiempo como el viento arrebata la nube. Sonó para quebrar el aire que esperaba su quiebra, para poner un fin rotundo a la espera y dar comienzo a la inundación, para darnos permiso y así volcar nuestra alegría en forma de andar. Llama Gonzalo a sus hombres, tiembla su voz alentadora, el Arenal se remanga, y al grito de “A ésta es” el cielo se acomoda en Dos de Mayo para encender corazones con fuego blanco de plumas.

Así lo quisiste Tú, y así volviste a este hombre niño por unas horas, porque el gozo fue memorable, y lo atípico de ese Lunes Santo lo hizo especial e inolvidable.
¡Qué privilegio tan grande Dios mío, portar el peso de tu cruz el día en que el clamor de tu nombre hizo que el cielo te respondiera con lágrimas primaverales!

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Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org