Sevilla

Crónica de un sueño: El mar de gente por el que navegó la Esperanza

El mar de gente por el que navegó la Esperanza

Crónica de un sueño

Voy a permitirme la licencia de caer en tópicos, en frases hechas y redundancias. Van a permitirme que os cuente lo acontecido el Sábado sin medida alguna, con total falta de imparcialidad… os aviso de que voy a barrer mucho para casa. Esta que os escribe, desde luego no sabría hablaros de ella de otra forma.

Pasaban las dos de la tarde… y la media, cuando el palio se asomó a su reino plantándose en el atrio. En espera, una poco abarrotada, pero no por ello menos expectante Resolana. La gente no acudió en masa a ver la salida del Sol Esperanzado, quizás por miedo a la hora y al RE-SOL, macareno. Pasó la Macarena bajo el arco, y fue entonces cuando Sevilla se dio cuenta de que aquello no era un sueño, habíamos despertado. A muchos de los que no solo somos macarenos en nómina, sino macarenos por vecindad, nos dio un vuelco el corazón; hasta entonces no habíamos caído en que durante esa semana nuestro barrio prestaría a toda la sevillanía a la que es su razón de ser, en parte casi nos sentíamos celosos, por unos días la Esperanza dejaría de ser únicamente Nuestra.

Su gente la esperó a la sombra de Parras, donde el azulejo de Juanita no alcanzó a ver el sol aquella tarde. La Calle Parras a su paso decidió volverse la Calle Cadenetas, Calle Lluvia de pétalos, la Calle Mar de gente. Pareciera que toda la gracia del mundo había decidido concentrarse en torno a ella, toda la emoción se había encauzado en aquella calle de la macarena vieja. Ojalá el tiempo se hubiera parado en mitad de una tormenta de pétalos, pero no fue así. Acumulando media hora de retraso, la Señora abandonó Parras buscando Feria, no sin antes, deshacer el martirio japonés del Fraile Luis, por Escoberos cuando sonaba ‘Macarena’.

Para aquel que piense que todos los cartuchos se habían quemado entre balcón y balcón, se equivoca. En la Feria la esperaba su Mercado, ese donde todos los puestos tienen como fondo una foto suya, donde los tenderos no peinan canas, sino plumas… esos que mientras te atienden te entonan una marcha de la centuria ya sea quince de agosto, que tres de diciembre, sí, esos mismos que tienen por vecinos a Todo el Santoral. Viró el palio en busca de las rejas del templo y  con ‘Gracia y Amparo’ dejó atrás al Omnium Sanctorum.

En la calle estrecha de la Feria, el pequeño joyero que hace las veces de Capilla para el Rosario de Monte+Sión, no pudo recibirla de mejor forma. Para la que os escribe, no hubo momento de mayor belleza que la salida del buque de la Esperanza por aquellas puertas. Muy de cerca se queda esa bajada de los cielos de la Amargura, cuando el silencio de San Juan de la Palma dejó de ser blanco y  fue verde por un instante.

El cincho estrecho de calles que comprimía a las masas se acabó, si ancha es castilla, más ancha es la Encarnación. El generoso templo que acogió a la Hermandad en sus horas más bajas volvía a estar abierto para que la Macarena entrara. El reloj seguía corriendo, habíamos perdido la medida por completo, el público resoplaba y justo antes de su llegada muchos cuestionaban si de verdad merecía la pena la espera. Lo grande de la calle no descongestionó la bulla, solo la acrecentaba. Un poco más tarde, todo era azul Asunción de Cantillana, pero antes… ‘Virgen de las Aguas’ por si había sed, que para la plaza de San Francisco, nos haría falta.

Remontando el río, desde Sanlúcar de Barrameda, sal de caridad para la Esperanza de Sevilla. Setenta metros que solo pisaron los que son los pies de la Virgen y el par de ojos que los guían, al son de una plaza sin palcos que entonaba el himno desde el corazón.

Y así, para los que íbamos medio soñando, se nos escapó la tarde en un suspiro. La trasera se perdió en la profundidad de la Avenida y adivinamos que había entrado al sonar la marcha real. En el Ayuntamiento el reloj dobló la media de la una del Domingo, la Esperanza llegaba con dos horas de retraso a su cita con la Catedral, con esa cara de estar cansada tan perfectamente suya.

A continuación os dejamos con una galería fotográfica que resume todo lo anteriormente citado:

Redacción: Mabel Ortiz Fernández.

Fotografías: Auxi Pérez Moreno, Javier Abad y David Jiménez.

AnteriorSiguiente