El Sanedrín

“Contraste de visiones” por Ernest Fuentes (@erfuga)

Y de pronto se hace el silencio. En la calle San Fernando cesan las conversaciones y las miradas se posan en las puertas de hierro que abren paso a la caoba que alberga la Buena Muerte. Es Martes Santo y los titulares de la Hermandad de los Estudiantes se recogen a su capilla debido a la amenaza de lluvia. La situación no es la mejor y los ánimos tampoco, pero esa imagen y ese silencio que aparecen en la antes bulliciosa calle, han provocado lo indescriptible, Sevilla y su Semana Mayor ya me han atrapado.

Este es solo uno de los momentos inolvidables que me conmueven; que se viven en la semana anhelada por todos. Una semana en la que salen a la calle el arte, la pasión, el fervor, la devoción, el sentimiento… Todos ellos interpretados de muchas formas distintas, tantas como Hermandades. En el contraste reside el éxito de cada una de las jornadas, como el que se produce entre Santa Marta y San Gonzalo, entre la Lanzada y el Cristo de Burgos, o la propia división que vive cada Lunes Santo la Hermandad del Museo, entre la expiración y el júbilo. Todas viven la penitencia de forma antitética pero en ellas reside el afán que da el triunfo.

Como estas imágenes, muchas otras se encadenan durante las nueve jornadas en las que transcurre el gozo y es este contraste el que, seguro, a muchos nos cautiva, el sin parar de sensaciones opuestas que forman un todo y, aunque ahora parezca que no es importante, en la jornada más conocida y quizás mediática de la Semana se reflejan en su perfección. Un contraste que al igual que la sociedad, evoluciona y admite cambios, es más son necesarios, pero que no debe convertirse en dos partes lineales que lleven al tedio y a la ruptura de todo cuanto amamos.

Un maestro lo ilustró con la música, la mayor expresión posible de los sentimientos; como del clamor de la Esperanza nos trasladamos al recogimiento de la calle Alfonso XII, del andar pausado del Nazareno Gitano al racheo decidido del que está en San Lorenzo, del estruendo causado por los grandes misterios al sobrecogedor silencio del Calvario roto solo por el canto de los gorriones.

Aún así la expresión de los contrastes no se puede hallar sin el pueblo. Ese dueño de las emociones, de la devoción y del fervor que como Cirineo de toda la Semana ayuda, a veces de mejor forma que otras, a mover y a alimentar la pasión por los momentos de puro sentimiento y ansia entre lo que estamos viendo y oyendo con los que veremos y oiremos antes y después.

Ese contraste es el que debemos buscar en los cambios tan ansiados y debatidos. Cambios que nos traigan comodidad, pero en su esencia nos muestren aquello que buscamos porque, al final, lo que nos cautiva cada Semana Santa es la sensación que, como a mí, nos queda tras sentir la bulliciosa calle San Fernando contener el aliento en profundo silencio y conseguir atraparnos.

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