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A un paso de Tí…por Mª Victoria Hoyos


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De nuevo nos reunimos un año más, para pregonar nuestra sevillanía, nuestras costumbres, nuestra fe. Nuestras vivencias, nuestras alegrías y nuestras penas. Nuestro amor por la Semana Santa.
Vamos a recordar de nuevo, como el humo de la candelería, el incienso, y la cera, que llora y refleja en las calles una aureola de amargura y quebranto, se van a mezclar con el tituberante aire de esta ciudad.
El primer piropo a un Cristo o a una Virgen, convertido en saeta. La primera mecida, la primera música, la primera imagen.
Vamos a recordar cómo llora Sevilla, como solloza, como agoniza en sus plazas y en sus calles.
Cómo el cielo sevillano contempla el espectáculo de Muerte y de Vida.
Recordaremos a aquel Hombre justo que derramó su sangre por nosotros, y que espera en un trono de flores, el momento sublime de su salida procesional.
Vamos a recordar hoy, que por fin nos hallamos ante una nueva Semana Santa, en Sevilla, de Sevilla, y según Sevilla.
Ésta que lo escribe, la Semana Santa de Sevilla no la sabe definir, sólo la sabe sentir.
Es muy difícil plasmar sobre un papel, los sentimientos, vivencias y anécdotas, que a lo largo de su vida, atesora en el interior de su corazón todo cofrade sevillano.
Mucho se ha hablado y escrito sobre nuestra Semana Santa, que esta ciudad ha hecho posible, en su conjunción mas hermosa a lo largo del tiempo.
Fe, historia, arte, tradición y sentimiento. Son la clave y el sentido refundidos en una total armonía, que dan así lugar a nuestra propia y singular Semana Santa.
Y Sevilla…
La ciudad de la gracia amanece entre aromas de sus olivos y el azahar de sus naranjos. Despierta

lentamente en su lecho de flores, que levemente la envuelve y la embriaga. Siembra sus calles de pequeños pétalos blancos alrededor del naranjo, que puntual, y fielmente, se hace flor cada Primavera.

Se dice que la ciudad adquiere otro colorido, que su cielo se hace mas azul.
Sevilla se dispone a vivir sus días mas íntimos e intensos, la Pasión, Muerte y Resurrección del Hijo de Dios.
En estos días, sus calles, rincones y plazas, se convierten en templos al aire libre, en los que cada cual vive su Semana Santa según los dictados de su propia fe.
Estas plazas y calles de Sevilla, que se van a convertir en vías de la amargura, en donde la Madre de Dios será mecida, piropeada y cantada, para que así pueda soportar tanto dolor y sufrimiento, tanta pena y agonía, en la esperanza segura de la Resurrección de su Hijo.
Unos días, que cada sevillano va a celebrar bajo el anonimato de un antifaz. Soportando sobre su cerviz, el paso de unas trabajaderas. O como simple espectadores.
De nuevo vamos a recordar, la excitación de una ciudad, que en vísperas de su Semana Mayor, se va a vestir con sus mejores galas, para su cita anual con el pasado y su memoria.
Una ciudad entregada a sus devociones. Conformada en la fe de sus antepasados. De nuevo, una ciudad que resucita en una Primavera gloriosa.
Es el ritual de la Pasión y Muerte, que Sevilla celebra con el gozo de su propia ilusión y vivencia.
La voz del capataz, el golpe del llamador, el crujir de las trabajaderas, el tintineo de las bambalinas, la música, la saeta, el olor a incienso, el rezo de los penitentes, van a ser la tónica de estos días en los que cada uno va a demostrar su sevillanía y el amor por sus tradiciones.
El ciclo cofrade sevillano no termina en la Pasión y Muerte sin mas de Jesús, sino que se inicia cada año con la Resurrección del Salvador.
La Semana Santa de Sevilla es una genial sinfonía, cuyo tema central es la muerte redentora de Cristo, y la compasión de María, su Madre, en una conjuntada armonía, y teniendo como interpretes, como no, al pueblo de Sevilla, enraigado en sus tradiciones, y ensalzando por su propia Fe.
Han sido pasos apresurados y atrevidos en la mañana del Domingo de Ramos. Y cansinos y tristes en la noche del Sábado, que han llenado las calles de esta ciudad, dándoles una armonía única e irrepetible.
Atrás han quedado días felices y llenos de emociones, que atesoran en sus vivencias todos los cofrades de Sevilla.
A lo lejos, cualquier dia de nuestra Semana Santa, en cualquier rincón, calle o plaza, podremos oír aun una voz que dice:
¡Todos por igual, valientes, al cielo con ella! Pero capataz no me lleves al cielo, que mi hijo no me espera. Que vive en esta bendita tierra, en esta tierra buena. Que de María dicen que es, y en ella me rezan, me cantan y me piropean, me entronan y me engalanan, y que Sevilla la llaman.
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Jartible Cofrade desde 1991 · Tecleando con más de 140 caracteres · Coordinador de ElCostal.org