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450 Años no es nada: la salida extraordinaria de la Virgen de La O

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Entre los versos de la Salve a la Señora de la O reza: ‘Llorando queda Triana, cuando vas para Sevilla’…

Triana no temió esta vez que la niña de los alfareros se le escapara por el puente. La Virgen de la O salió esperando ver su barrio, pero se asomó a verla Sevilla entera.

El sábado 29 de octubre la Hermandad de la O ponía fin al programa de actos que ha conmemorado en 2016 el 450 aniversario de las primeras reglas conservadas con una misa en acción de gracias y con la salida extraordinaria de su dolorosa.

Con escrupulosa puntualidad la Parroquia de La O se abrió a las 6 de la tarde. A partir de entonces y hasta Santa Ana los sones del Sol escoltaron a la Cruz de Guía que iba seguida de un cortejo formado por hermanos y represetaciones varias además de fieles sin más titulo que ese. Y es que la hermandad tuvo la generosidad de permitir participar de esta celebración a personas fuera de la nómina de hermanos. Pocos minutos después, cuando la Cruz de Guía añeja llegaba a las puertas del mercado de Triana, el palio de la Señora de la O se asomaba decidido a la calle Castilla. A partir de ahí empezó a tejerse la magia.

La hermandad pidió que en la primera levantá del palio dentro de la parroquia, la Banda del Carmen de Salteras hiciera sonar la marcha “Aquella Virgen”, en recuerdo a la imagen primitiva y dedicada a todos los hermanos fallecidos. Una cuidada selección de marchas meció a la Virgen, con más o menos cuidado, hasta la Plaza del Altozano. A muchos la nostalgia de aquella coronación de barrio allá por el 2007 les nubló los ojos cuando la Virgen cruzó la plaza buscando la Calle Pureza y les hizo sentirse partícipes de la historia viva de una hermandad que no entiende su razón de ser lejos de su arrabal. La de hacer crecer el amor por María y su hijo, desde la Calle Castilla al mundo.

Pureza engalanada recibió a la Señora de la O con una lluvia de pétalos y vítores que se fueron acentuando a medida que el palio se acercaba a la Capilla de los Marineros. Allí, el encuentro de esperanzas fue fulgurante: la salve a la Esperanza de Triana se hizo plural y resonó de punta a punta. Con la candelería prendida al completo, y en hora, la Virgen de la O llegó a la Parroquia de Santa Ana. En una plazuela atestada un sencillo acto conmemoró la efeméride. Las representaciones se despidieron y la hermandad tuvo que tirar de ingenio para subsanar un pequeño problema derivado de la fama bien merecida que en Sevilla tiene este paso… en una levantá el peso jugó en su contra y un candelabro de cola se desprendió. El parón fue significativo.

De vuelta a casa, los hermanos de la Estrella esperaban a la Virgen con la capilla abierta también en un momento muy dulce de su historia. Nuestra Señora de la Estrella lucía en su pecho el escudo de la Hermandad de la O y se presentaba en un elaborado altar de cultos que conmemora el aniversario de la coronación canónica. San Jacinto hizo de embudo al numeroso público que allí se arremolinaba en dirección a la mágica calle Alfarería.

Que la Virgen pasase por las calles Alfarería y Procurador era una cuenta más que pendiente. En esos tramos de la Triana de antiguas casas de vecinos la Virgen se acercó a esas señoras, que después de hacer la compra en el mercado siempre entran a santiguarse en la Parroquia. La Virgen se asomó a los talleres donde antaño se reproducía en azulejo su imagen, talleres de los que con seguridad salió el tan particular altar de Jesús Nazareno y donde sin duda surgió la idea de cruzar con él puente de barcas.

Jugando con el cambio de hora, y tras una saeta sentida, María Santísima de la O entró en su templo a las 2:25 de la madrugada. Dentro se entonó la Salve y Triana suspiró tranquila.

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